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OPINIÓN | La prueba de fuego: fase 3 COVID – 19

El 21 de abril el subsecretario de prevención y promoción de la salud el doctor Hugo López Gatell, declaró la fase 3 del COVID – 19, que es una etapa de ascenso rápido en el número de contagios, al grado que la curva alcanza su máxima altura, por la multiplicidad de casos que requerirán hospitalización, con el riesgo de saturar el Sistema Nacional de Salud.

El 24 de abril fue el día en que las autoridades de salud registraron el mayor número de casos con 1,239 personas contagiadas por el COVID – 19, lo que representa un aumento del 7.54 %, es decir, 970 casos más con respecto a los 12 mil 872 del día anterior. Para el día 24 se reportaron 13 mil 840 casos y en tan solo 24 horas se registró la muerte de 84 personas para arrojar un total de 1,305 víctimas fatales.

En este escenario de la fase 3, se remarcó la presencia de brotes regionales y la dispersión nacional de la enfermedad. Los números de casos, a diferencia de la fase 2, en que los contagios son por centenas, ahora se dan por miles. Es la etapa de máxima velocidad de ascenso de la epidemia.

Por su parte, el secretario de salud del estado de Guerrero el doctor Carlos de la Peña, informó el 24 de abril que en solo 24 horas se habían registrado 7 fallecimientos por COVID – 19, pasando de 18 a 25 casos, lo que representa el 38.8%, siendo 149 casos positivos. Advirtió “hoy el panorama en Guerrero, se va manchando completamente y la idea es que no nos movamos entre los municipios, porque esto favorece los contagios”. Informó también que 25 médicos están contagiados, así como 7 enfermeras y 6 paramédicos. Un día antes se confirmó el fallecimiento del doctor Tomás Hernández Quijano, quien se desempeñó como jefe de prestaciones médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social en Guerrero. La última información que se tuvo por parte de la Secretaría de Salud, del día 24 de abril es un registro de 30 defunciones y 171 casos confirmados, lo que muestra que la curva sigue en ascenso y que probablemente continuará en esta nueva semana.

De los 81 municipios del estado en 22 de ellos han registrados casos positivos de COVID – 19, siendo 40 municipios vecinos que no cuentan con algún caso de contagio. Solo 19 están libres de contagio y no son colindantes con casos positivos. Los municipios más afectados son Acapulco, Chilpancingo, Xochihuehuetlán, Coyuca de Benítez, Taxco, Tlapa, Tixtla, Huamuxtitlán, Iguala, Chilapa, Zihuatanejo, La Unión, Copala, Xalpátlahuac, Cutzamala, Tepecoacuilco, Ayutla de los Libres, San Marcos, Ahuacotzingo, Atenango del Río, Cocula y Quechultenago.

Estamos en un momento crucial para hacer frente como gobierno y sociedad a la pandemia que ha llegado con toda su fuerza a los estados fronterizos, varios del norte, la zona conurbada de la ciudad de México que colinda con el Estado de México, Jalisco, Puebla, Tabasco y Quintana Roo. Guerrero se encuentra en la mitad de la tabla nacional, sin embargo, en los últimos cuatro días el número de fallecimientos y contagios se ha ido elevando extendiéndose al 70% de los municipios del estado.

La capacidad instalada en cuanto a centros hospitalarios para atender casos de COVID – 19, se pondrá a prueba en las próximas cuatro semanas. Se empieza a documentar que hay saturación de pacientes en los principales hospitales públicos de la ciudad de México. El temor es que resulte insuficiente el número de camas que se han destinado para atender pacientes con síntomas del coronavirus, y que la situación se desborde en las principales ciudades. Preocupa también la falta de personal médico especializado que cuente con las condiciones apropiadas para puedan atender con seguridad a los pacientes. Tememos que las cifras oficiales no estén reflejando fielmente la geografía del contagio por el coronavirus, y que por lo mismo, en estas semanas se puedan disparar el número de casos que coloque a las autoridades de salud en un punto de quiebre, por el desbordamiento de casos.

En las fases 1 y 2, la situación se ha manejado con altibajos por parte de las autoridades, en cuanto a que la información que maneja el subsecretario de salud no compagina con los datos que han difundido algunos gobernadores como los de Baja California y Jalisco, así como la información que ha manejado la secretaria de salud de Tamaulipas y la jefa de gobierno de la ciudad de México. Las diferencias son de fondo por la divergencia que existe en el número de cifras que maneja y el número de pruebas que aplican. Este desenlace puede ser fatal en la tercera fase sino se logra tener mejor el pulso de lo que realmente esta pasando en cada entidad y en las diferentes regiones del país. Esta visión diferenciada de la problemática debe de ser atendida de acuerdo a sus propias especificidades, tomando en cuenta la capacidad instalada que tiene cada estado.

La sociedad por su parte transita de la incredulidad, al miedo y de la indiferencia al cuidado riguroso de las recomendaciones centradas en la sana distancia. En las mismas imágenes reproducidas por las redes sociales vemos los contrastes marcados por la desigualdad social. Hay una amplia franja de la población urbana que ante la precaria situación económica que vive no encuentra otra alternativa que continuar con sus actividades cotidianas. No se queda en casa porque su encierro es una amenaza mayor para su sobrevivencia. El gobierno federal con los programas sociales que ha anunciado para apoyar a la población más pobre no alcanza a cubrir lo que realmente requieren las familias para mitigar sus necesidades básicas.

En Guerrero la situación es complicada tanto en el campo como en la ciudad. Las zonas turísticas están desoladas y no hay ingresos económicos en amplios sectores de la población, que viven del sector terciario. El municipio de Acapulco no solo se encuentra en bancarrota, sino que padece los estragos de la violencia, la inseguridad en un gran número de colonias pobres y la ausencia de alternativas económicas para obtener ingresos en la mayoría de las familias que viven en el puerto. En buena medida esto sucede también en Zihuatanejo y Taxco donde se replican los diferentes problemas sociales. La capital del estado ha perdido su mayor fuente de ingresos que proviene de la burocracia gubernamental y del comercio regional. Se reciente fuertemente la ausencia del estudiantado que representa un sector que dinamiza la economía formal e informal.

Las regiones como la Montaña, la Sierra, Zona Norte, Costa Chica, Tierra Caliente están resintiendo fuertemente la falta de ingresos económicos vía remesas. El trabajo de los migrantes que radican en Nueva York, Chicago y Los Ángeles representa la fuente principal de dinero que ingresa al estado.  Es una bolsa que se distribuye en dólares a lo largo y ancho del estado. Lamentablemente, esta llave se ha cerrado y no ha caído una gota en remesas durante el mes de abril. Esta situación es la asfixia que está afectando gravemente a las familias indígenas y campesinas que han fincado el sustento, en el envío de remesas mensuales que oscila de 300 a 500 dólares, de acuerdo a las posibilidades económicas de las personas. Tanto en Estados Unidos las y los guerrerenses están resintiendo los estragos del COVID – 19, al quedarse sin trabajo y sin dinero, confinados en pequeños departamentos con el temor de ser víctimas del contagio y de la muerte por COVID – 19. Están sufriendo en la soledad de la megalópolis las consecuencias de una política migratoria marcada por la xenofobia y la discriminación. En esta semana llevamos registrados 33 defunciones de personas radicadas en Nueva York, Nueva Jersey y Detroit, principalmente.

Por otra parte, la población rural del estado, sobre todo en la sierra y la tierra caliente, sigue padeciendo los estragos de la violencia. La disputa territorial no se detiene, ni con esta pandemia, al contrario, como está sucediendo en la parte baja de la sierra de Tlacotepec, donde hay enfrentamientos entre grupos contrarios. Se han registrado varios asesinatos y se sigue generando el desplazamiento forzado de familias que se encuentran totalmente inermes. Lamentablemente esta situación a quedado relegada por las autoridades, a pesar de ser un foco rojo que puede también incrementar los casos de personas contagiadas, al no proporcionársele condiciones mínimas para poder estar en casa seguros.

En la Montaña y Costa Chica los pueblos indígenas, en medio de las precariedades económicas han asumido la responsabilidad de guardar la sana distancia, tomando el control de las entradas y salidas a sus comunidades. Los acuerdos de asamblea se han transformado como la guía que rige la vida comunitaria en tiempos de la pandemia. Han establecidos horarios para permanecer en casa y días para que un miembro de la familia pueda salir de la comunidad. Han sido claves las Policías Comunitarias, que se han transformado también en guardianes de la salud y de la seguridad de las comunidades. Han logrado imponer el orden y que la gente guarde la sana distancia. Hace falta que las autoridades municipales se coordinen mejor con las autoridades comunitarias, porque quienes realmente están poniendo el ejemplo son los pueblos indígenas que como dice Noam Chomsky “los países más avanzados están conduciendo al mundo al desastre, mientras que los pueblos indígenas están tratando de salvar al planeta entero”. Si no aprendemos de la cultura comunitaria que busca el bienestar de todos, estaremos condenados a la destrucción.

Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”

 

Foto: Sin Embargo