OPINIÓN | Navidad desde el corazón de los 43

Centro de derechos humanos de la Montaña, Tlachinollan

Para nosotros  los papás y mamás de los 43 es una prueba muy dolorosa  vivir esta fecha de la navidad. Este momento dejó de ser algo bonito desde el día que desaparecieron a nuestros hijos. Ya son 3 navidades que pasamos sin ellos. Son 27 meses que llevamos buscándolos, sin que el gobierno nos diga dónde están. Se nota que hay algo grueso entre ellos, por eso nos dicen puras mentiras.

 A pesar de que somos  familias muy pobres, siempre nos organizábamos para  cenar. Cómo recuerdo a mi hijo que iba conmigo a comprar las cosas al mercado para preparar tacos dorados y tostadas. Cuando se podía preparábamos un pozolito. Era una convivencia muy bonita, porque llegaban  varios familiares con sus hijos. Íbamos un ratito a la posada a ver cómo cantaban las pastoras al niño Jesús y luego nos regresábamos para convivir.  Hoy la casa está en silencio, triste porque no aparece nuestro hijo. Ya no hay motivo para alegrarnos porque nuestro corazón ya no palpita como antes. No hay ganas de volver  al pueblo, porque es recordar más a mi hijo. Es sentir más fuerte su presencia, que es dolorosa porque está ausente.

La caravana que hicimos en estos días que le llamamos +43 por la memoria y la esperanza  nos dio más fuerza porque desde el 20 de diciembre que salimos de la escuela, tuvimos la compañía de varias organizaciones de Guadalajara, Querétaro, San Salvador Atenco y  del plantón de los 43. Ellos y ellas iban en otro autobús. En todo el trayecto siempre hubo gente que nos esperaba, que nos acompañaba en las marchas. Dejaban todo para atendernos y apoyarnos en la lucha. En Iguala adelantamos la fecha para llevar la ofrenda floral el 21 en lugar del 27. En Taxco nos recibieron los compañeros del sindicato minero que llevan muchos años resistiendo.  Con ellos marchamos al centro de la ciudad donde notamos a gente que nos veía con miedo. Varios bajaron sus cortinas, porque pensaron que íbamos a causarles daño. A pesar de este temor que les han metido  las autoridades, varias personas se acercaron para ofrecernos agua y fruta.  Para la gente de esta ciudad es muy raro ver una marcha grande. No hay esa costumbre de luchar como pasa en otros lugares. El turismo es lo que más les interesa a los comerciantes de la plata.  En el mitin que realizamos en la plaza, volvimos a exigir que se investigue al Ejército. Que dejen de proteger a Tomás Zerón,  que la PGR concluya la investigación y lo castigue. A los  turistas que nos escuchaban les dijimos que la navidad no solo es puro consumo, sino que también es luchar para que en México haya verdad. Es un tiempo para reflexionar juntos, para ver cómo vamos  resolver los problemas que nos están hundiendo como país.

El 23 llegamos a Cuernavaca, Morelos. Ahí nos recibieron las organizaciones sociales y las  de derechos humanos. En el zócalo  convocamos a rueda de prensa para  informar los motivos de nuestra  caravana: exigimos  la presentación con vida de nuestros 43 hijos. Que el gobierno impulse y agilice las líneas de investigación recomendadas por el GIEI.  Que consigne a los policías federales y municipales de Huitzuco, porque son  responsables de la desaparición de  nuestros hijos.  Exigimos que abran una línea directa para que investiguen al Ejército. Nuestro mensaje a la sociedad es que para nosotros no hay navidad porque hay 43 estudiantes que están desaparecidos, así como en todo México hay  más de 27 mil personas desparecidas que corren la misma suerte que nosotros. Es una violencia que se desborda y que el mismo gobierno se encarga de distraernos, de vendernos la felicidad gastando el dinero que no tenemos. Nos quiere hacer creer que la navidad es solo fiesta y consumo, para olvidar la realidad  violenta que a diario enfrentamos.

El 24 de diciembre fue un día que no vamos a olvidar, no tanto porque se celebra la navidad, sino porque fue una jornada que nos dio mucho ánimo, porque encontramos a gente que nos abrazaba y lloraba por lo que nos ha pasado. Nos transmitían mucha energía y sentíamos cómo ellos y ellas también sienten a nuestros hijos como sus hijos. Nuestra llegada a Tepoztlán fue muy significativa, porque varias organizaciones nos esperaron a la entrada del pueblo. Marcharon con nosotros por las principales calles. Sentíamos su  solidaridad. Los mismos turistas mostraban interés por nuestra lucha. Nuestro grito era  muy fuerte por el respaldo de los estudiantes, que por las calles angostas retumbaba nuestra voz cuando decíamos ¡porque vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!  Vimos cómo la gente salía de sus casas a saludarnos  y aplaudían nuestra llegada y nuestra manera de luchar y protestar.

Lo más significativo de esta caravana fue la recepción que tuvimos por parte de dos sacerdotes que nos esperaban  en la entrada de la Iglesia. Nos saludaron con mucho cariño. La misa que hicieron no se nos va a olvidar. Sus palabras nos inyectaron mucho ánimo, nos ayudaron a poner nuestra confianza en el ser supremo. En verdad su palabra era muy cercana a lo que sufrimos. Sentimos que nos hablaban con el corazón, porque se notaba que sentían lo que nosotros sentíamos. Cuando uno de ellos empezó a llorar, la verdad es que nadie de nosotros pudo contenerse. Todos los papás y mamás llorábamos. Fue un momento muy crítico, porque a veces no hay otra forma de expresar lo que sentimos. También muchas veces nos aguantamos, nos hacemos los fuertes, pero en verdad quisiéramos en todo momento llorar, pero no porque nos sentimos derrotados, sino porque nos da mucho coraje ver la actitud de los gobernantes; insensibles, hipócritas, traicioneros y mentirosos. Eso no lo podemos sacar con palabras o con acciones agresivas como ellos lo hacen cuando hablan mal de nuestros hijos. Lo expresamos con nuestro silencio, con nuestro  coraje y nuestras lágrimas.

En este encuentro con el sacerdote sentimos en verdad un alivio, la presencia de un amigo que nos da ánimo y mucha esperanza. Fue una experiencia muy fuerte para todos y todas. Algo que nos conmovió mucho pero que afianzó nuestra lucha. El mensaje que nos dieron los sacerdotes es que nuestra lucha es justa, que es una luz en medio de la oscuridad. Que en verdad no estamos solos, que mucha gente nos aprecia, nos sigue y que está dispuesta a pelear por nuestra causa. Es muy grato saber cuánta gente se preocupa por nosotros. Se organizan para darnos de comer, de hacernos sentir que somos parte de su familia. Nos cuidan y nos protegen. Esto es lo más importante sentir la cercanía de tanta gente que también sufre. Recibir un saludo y un abrazo sincero es lo que nos levanta y hace que nuestros pies no se cansen. Que nuestras enfermedades se alejen de nuestro cuerpo.  Recibir la bendición de los sacerdotes y de la misma gente fue hacer el milagro en esta navidad, de liberarnos de la tristeza y de la desesperanza. Nos contagiaron de su ánimo, de su coraje y de ese cariño que nos tienen, pero sobre todo ese amor que hay por nuestros hijos, para que aparezcan.

Esto que vivimos nos hizo reflexionar más a fondo: lo que en verdad queremos junto con la gente es la verdad. Ya no queremos un gobierno que miente al pueblo, que engaña e inventa historias. Luchamos no para nosotros mismos, lo que hemos peleado en estos 2 años y 3 meses es que el gobierno investigue y castigue a los responsables. Nos la hemos rifado porque ya no queremos que otras familias sufran lo que nosotros hemos sufrido. Ya no queremos que siga sangrando nuestro país por tanta violencia y por tanta corrupción. Fue inolvidable este 24 de diciembre por lo que nos transmitieron las personas que estuvieron en la marcha y en la misa. Estos momentos nos ayudan a aminorar el dolor, a no dejarnos vencer por todo lo malo que hace el gobierno.

 Por último, llegamos a Amilcingo, Morelos. Ahí hay gente que está luchando contra el gasoducto. Con la radio que tienen empezaron a trasmitir nuestros mensajes. La gente no solo escuchaba lo que decíamos sino  que se organizaba para llevarnos comida, café y hasta ponche. Nuevamente estábamos acompañados de muchas personas buenas, que preferían convivir con nosotros  en lugar de quedarse en sus casas. Estuvimos con las familias solidarias desde las 5 y media de la tarde hasta las 11 de la noche. Ellas y ellos llenaron ese gran vacío que sentimos en todo momento; la ausencia de nuestros hijos. Platicar sobre ellos y sobre cómo seguiremos luchando para encontrarlos nos reconfortó mucho.

Por la noche las normalistas de Amilcingo nos recibieron como lo hacen todos los estudiantes de las escuelas normales rurales: nos dijeron,” padres y madres de familia bienvenidos a su casa”.  Nos sentimos como en casa porque pudimos dormir tranquilamente y despertar con la mesa puesta para almorzar.  Nos despedimos  de las jóvenes que también participan en todas las jornadas nacionales para exigir la presentación con vida de nuestros hijos.  Llegamos a la caseta de cobro de Tlalpan y ahí en las 3 horas que permanecimos dando paso a los vacacionistas, buena parte de ellos nos saludaban y decían “No dejen de luchar”,” sigan adelante”.” Estamos con ustedes”.  Eso para nosotros los papás y mamás fue la mejor manera de entender  que la verdadera navidad es hacer que nazca la justicia, que florezca la verdad  y que defendamos a las víctimas,  porque solo de esa manera podremos encontrar a nuestros 43 hijos y a todas las personas que están desaparecidas.

 

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