OPINIÓN / Navidad sin los 43

Centro de derechos humanos de la Montaña, Tlachinollan

El ambiente consumista de la navidad nos seduce y nos sumerge en una realidad ficticia. Se crea una atmósfera propicia para que la gente piense que la felicidad está en comprar cosas, en consumir en exceso y en echar la casa por la ventana, por el instinto compulsivo que nos esclaviza. Prevalece la frivolidad y la mercantilización de la fiesta. La navidad es un buen pretexto para los empresarios y gobernantes, porque es una fecha propicia para obtener grandes ganancias. Para los dueños del dinero se trata de la mejor temporada del año y para quienes ostentan cargos públicos es el tiempo más esperado porque tienen la oportunidad de dilapidar los recursos públicos, asignándose sumas estratosféricas vía aguinaldos o compensaciones especiales.

Son las elites económicas y políticas las beneficiarias de esta bonanza festiva de fin de año. Son tiempos para la juerga sin freno por parte de la alta burocracia acostumbrada a derrochar el dinero público. Se desentienden totalmente de sus responsabilidades para darse vida de reyes. Actúan como una burocracia parásita que solo aparecen en eventos sociales y en inserciones pagadas en los periódicos para promover su imagen. No están para atender los problemas más sentidos que plantea la población mayoritariamente pobre. Su ausencia forma parte de este desgobierno, porque no hay quien ponga orden, ni quien haga frente a una situación que se desborda por la violencia.

La aspiración de los políticos no es asumir las causas por las que lucha la gente, sino cómo llegar a un cargo público para tener dinero y poder. La disputa no es por el proyecto de sociedad que se quiere construir, sino por los millones de pesos que llegan a las arcas públicas. El atraco desde las entrañas del poder es el negocio más boyante y vertiginoso. En la primera navidad los nuevos gobernantes se transforman en millonarios porque son los tiempos en que hay que acabarse los presupuestos, y los que saben de estas triquiñuelas, nada les cuesta cuadrar las cuentas con comprobaciones hechizas. La última navidad para los gobernantes que dejarán el cargo el año próximo, representa su última oportunidad para el saqueo a manos llenas. No hay una instancia confiable que se los impida y el mismo ambiente de corrupción que prolifera en las instituciones gubernamentales, fomenta y tolera este atraco que no se da de manera aislada o esporádica, sino que es una práctica institucionalizada que tienen su origen en las altas esferas del poder. Si existiera rendición de cuentas y sanciones efectivas para quienes delinquen con los recursos del erario, no tendríamos una clase política voraz y depredadora que nos ha sumido en la pobreza y en la violencia.

La navidad que celebramos con tanta algarabía, nada tiene que ver con fuegos artificiales, foquitos de colores, ni personajes como Santa Claus, que forman parte del coloniaje cultural y consumista proveniente de Estados Unidos. Toda la parafernalia que se crea en torno al nacimiento de Jesús en un pesebre, es para descontextualizar la situación de pobreza y exclusión que enfrentaron dos forasteros, como lo fueron José y María. El relato bíblico nos dice que María dio a luz a su hijo, lo envolvió y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el albergue. Ellos dejaron su tierra y se marcharon para ponerse a salvo de la amenaza del rey Herodes, quien había ordenado la matanza de inocentes.

La navidad que experimentan las madres y padres de familia, es la que vivieron José y María que se sintieron amenazados por el imperio romano. Ellas y ellos no solo han sentido el desprecio de los gobernantes, sino que han tenido que soportar todos los golpes y ofensas que les han propalado, al difundir irresponsablemente que sus hijos fueron incinerados en el basurero de Cocula. Las reticencias de las autoridades para profundizar en las líneas de investigación trazadas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), es una muestra clara de la complicidad que existe entre las altas esferas del poder con los autores materiales e intelectuales de las desapariciones de los 43 estudiantes normalistas.

La navidad la han tenido que pasar fuera de sus casas y lejos de su comunidad, porque no pueden regresar sin sus hijos, mucho menos se perdonarían abandonar la lucha y borrarlos de su memoria. Para los padres y madres no hay tregua, mucho menos claudicación. Es una entrega total y permanente. Una búsqueda constante. No hay instante que den cabida para otras actividades que hagan a un lado su objetivo principal, de encontrar a sus hijos.

Estos días se tornan muy pesados porque sienten que la gente los abandona, que los excluye y que ya no tienen grabados en sus corazones los rostros de sus hijos. A pesar de estos momentos difíciles, la llama de la solidaridad sigue viva. Han encontrado cobijo entre las organizaciones y colonias populares que celebran la navidad compartiendo lo poquito que tienen. Les dan posada y cobijo, como sucedió con José y María. Lo mejor es hacerlos sentir en familia para transmitirles ánimo a las madres y padres que sienten el corazón desgarrado, por estos 39 meses que llevan en vela esperando el retorno de sus hijos.

Los Herodes de este gobierno se empeñan en sostener la verdad histórica para no evidenciar la trama delincuencial que se encuentra enmarañada dentro de los sótanos del poder. Impidieron que el GIEI continuara con este trabajo científico, que logró desmontar su verdad histórica. En el mismo análisis de los expedientes fueron encontrando datos relevantes que les permitieron abrir otras líneas de investigación. La acción desproporcionada y bien coordinada por parte de las corporaciones policiales y del mismo ejército, obliga a que las autoridades investiguen su involucramiento en la desaparición de los 43 estudiantes.  Estas líneas son las que no avanzan porque queda claro que afectaría a una clase política que irresponsablemente se coludió con el crimen organizado.

Este 26 de diciembre las mamás y papás peregrinarán a la basílica de Guadalupe, donde serán recibidos por el obispo Raúl Vera. Llegan con mucho fervor y esperanza porque como creyentes también le piden a Dios y a la virgen que escuche su oración. Rezarán juntos en una de las capillas de la basílica para pedir de nueva cuenta por la presentación de sus hijos. Su fe en la virgen de Guadalupe los mueve a clamar justicia en el cerro del Tepeyac, donde la virgen se apareció al indio Juan Diego. Saben que ella prefirió a una persona pobre, que para el sistema político y eclesiástico no tenía ninguna importancia, sin embargo, ella optó por darle la buena noticia de que se quedaría con la gente sencilla, para atender sus clamores.

El movimiento de los 43 no se entiende sin esta red de solidaridad que se mantiene viva a lo largo y ancho del país. Las madres y los padres son un emblema de dignidad y persistencia en la lucha, son también un referente nacional por la autoridad moral que se han ganado en estos 39 meses en el que han demostrado ser un movimiento auténtico que lucha contra la impunidad y exige justicia y verdad. Es un movimiento que ha desenmascarado a un sistema político que lleva en sus entrañas el cáncer de la corrupción y mantiene ligas con el crimen organizado. Todo su sacrificio por saber la verdad los ha llevado a peregrinar por todo el país para enlazar las luchas y unir las voces contra este sistema que pisotea los derechos de las víctimas y que es cómplice de miles de personas desaparecidas en el país. La navidad sin los 43 no es la misma para quienes vemos en José y María a una pareja pobre y forastera que se vio obligada a salir de su tierra para poner a salvo a su hijo Jesús y darnos esperanza de que es posible construir una sociedad de iguales, defendiendo el derecho de los pobres. La lucha de las madres y padres de los 43 es también una lucha que nos da luz y esperanza en este caos que nos atrapa por la violencia y la impunidad de los gobernantes.