OPINIÓN | Plegaria por los 43

Centro de derechos humanos de la Montaña, Tlachinollan

En este viernes santo, los padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa elevaron sus plegarias a Dios con motivo de la muerte de Jesús, su hijo, que fue condenado a morir en la cruz por el Imperio Romano. Su fe en el Dios que es verdad y justicia les ha dado fuerza para mantenerse unidos en la lucha y para no perder la esperanza de encontrarlos. Sus rezos y sus cánticos por las calles de Chilpancingo, mostraron a unos padres y madres de corazón sencillo, que han sabido vivir las enseñanzas de Jesús y que ante tanto dolor y sufrimiento no dejan de pedir a Dios que escuche su clamor y que haga justicia al pobre.

El mensaje que leyeron en la catedral, después de la recepción con agua bendita que les dio el párroco Benito Cuenca, es la expresión viva de cómo experimentan ellos y ellas este viacrucis, tomando como referencia el viacrucis del Jesús histórico. Bien vale la pena recuperar sus reflexiones y mostrar que su vivencia religiosa está sostenida en una fe inquebrantable, que en gran medida es lo que les da fuerza y sentido para no desfallecer.

Hoy que recordamos el camino de la cruz, queremos decir que en este viernes santo, nuestro viacrucis está por cumplir18 meses, caminando entre espinas y sin conciliar el sueño. Así como Jesús fue juzgado injustamente ante los romanos, el gobierno nos ha condenado a cargar la cruz del dolor y del sufrimiento al no dar con el paradero de nuestros hijos. A lo largo de este trayecto el gobierno nos ha dado muchos azotes. El que más nos dolió fue cuando el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, se desentendió de nuestros hijos, al decir que era responsabilidad del gobierno del estado realizar estas investigaciones. Nos abofetearon sin compasión al difundir que nuestros hijos eran unos vándalos y que formaban parte de la delincuencia organizada.

El gobierno nos golpeó fuertemente cuando el ex procurador Jesús murillo difundió con mucha saña que nuestros hijos habían sido incinerados en el basurero de Cocula. A pesar de esta primera caída no nos dimos por vencidos, más bien nos levantamos con la cruz a cuestas para tomar fuerza y derribar su mentira. Los compañeros y compañeras del GIEI fueron como los Cirineos que nos ayudaron a cargar la cruz de la mentira al ayudarnos a esclarecer los hechos del 26 y 27 de septiembre. Dieron a conocer las complicidades que existen entre autoridades civiles y militares con los grupos de la delincuencia. A lo largo de estos meses los gobernantes de México nos impusieron esta pesada cruz junto con los del GIEI. Se fueron contra nosotros para defender a los verdugos, para proteger a quienes participaron en la desaparición de nuestros hijos. Se empeñan hasta la fecha en desaparecer todo tipo de pruebas y se niegan a que los militares declaren ante el GIEI. Quieren que tengamos más caídas como las tuvo Jesús, para que ya no podamos levantarnos y avanzar en nuestra lucha. Se propusieron realizar un cuarto peritaje, a pesar de que nosotros les dijimos que ya están los resultados científicos del GIEI y de los antropólogos argentinos. Los gobernantes que nos han martirizado quieren ahora culpar al GIEI de que no se ha avanzado en las investigaciones, como si a ellos les tocara hacerlas. La campaña de desprestigio que varios medios de comunicación están impulsando es para ayudar al gobierno a lavar sus manos criminales como Poncio Pilato.

Como madres sentimos lo que padeció la virgen María cuando se llevaron a su hijo los soldados romanos del huerto de Getsemaní. Desde que los policías municipales desaparecieron a nuestros hijos, nos clavaron coronas de espinas que lastiman y desangran nuestra vida. Padecemos un gobierno, que al igual que el imperio romano, persigue y desaparece a quienes luchan por los derechos humanos de los más pobres, que condena a nuestros hijos como delincuentes y nos pone en manos de los verdugos (policías, militares, gendarmería Siedo), para que lloremos como tú lo hiciste al pie de la cruz.

Como madres y padres que profesamos una fe profunda en el Dios que es vida, verdad y justicia, queremos recordarle a los gobernantes lo que dice la biblia ”Dios ha montado en cólera contra aquéllos que aprisionan la verdad contra la injusticia”. El gran pecado de este gobierno es que comete graves violaciones a los derechos humanos porque desaparece, mata, impone la mentira y no hace justicia al pobre. Como víctimas de este poder impune nos sentimos asediados por los profesionales de la violencia. Estamos indefensos ante el poder de los poderosos y de las empresas extranjeras que saquean nuestros recursos. Los militares, en lugar de defender a nuestros hijos permitieron que se los llevaran. El presidente de la república, a quien le dijimos dos veces que si hubieran desaparecido a uno de sus hijos, haría todo lo que está a su alcance con tal de encontrarlos, no nos escuchó, porque no le duele nuestra sangre. Los gobernadores son intocables. No importa que sean responsables de los asesinatos y desapariciones de personas, este sistema los protege porque así se ha impuesto la forma de gobernar en nuestro país. Los partidos políticos son parte de esta delincuencia que hay dentro de las instituciones, porque pelean el poder con dinero mal habido, aliándose con los grupos de la delincuencia para ganar las elecciones. Los procuradores de justicia se empeñan en decir mentiras con tal de defender a los verdaderos culpables. Se han especializado en fabricar delitos. Todos ellos se han unido, no para dar con el paradero de nuestros hijos, sino para defender a las autoridades y para proteger sus intereses mezquinos. Somos padres y madres crucificados por un sistema que es el verdugo de nuestros hijos. Por eso Dios dice que el maligno es asesino y mentiroso. El querer ocultar la verdad para el gobierno es una forma de oprimirnos, porque es parte de su desprecio y de su enojo.

En la crucifixión de Cristo hay verdad, porque representa la lucha contra la injusticia y la mentira de los gobiernos. La búsqueda de la verdad no solo es sufrimiento, sobre todo es esperanza y vida, porque como creyentes sabemos y tenemos la certeza de que Dios hará justicia definitiva a quienes somos víctimas de esta violencia. Nuestra esperanza es grande, por eso nunca nos cansamos. Es una lucha sin cuartel, es una entrega heroica y generosa para defender la vida de nuestros hijos.

Estamos sumergidos en este mundo pecaminoso, que no respeta la vida y donde los gobiernos se alían con los delincuentes para concentrar poder y dinero a cambio de aplastar a la población mayoritariamente pobre.

Nuestra fe nos dice que Dios está en la cruz, porque como hijo de Dios entregó tu vida como cualquier ser humano. Este sufrimiento que padeció fue para mostrar su gran amor y su máxima solidaridad con quienes no encontramos consuelo en esta tierra. La cruz en la que está clavado Jesús, es la manera más concreta de hacernos sentir que está a nuestro lado. La cruz es lo que hoy nos puede salvar porque con ella nos muestra que Jesús pudo vencer a los que tienen poder y que con su sacrificio nosotros sabemos que encontraremos la verdad y la justicia.

Hoy comprendemos que la cruz es todo aquello que limita nuestra vida, que nos hace sufrir y que nos obstaculiza para avanzar hacia la vedad, a causa de la mala voluntad de los gobiernos. Como padres y madres que buscamos a nuestros hijos, seguimos a Jesús cargando nuestra cruz, como él lo hizo en su camino al calvario. El gobierno se empeña en mandarnos al suplicio de la crucifixión al negarse a realizar una búsqueda más amplia sobre el paradero de nuestros hijos. Al oponerse a abrir otras líneas de investigación; al proteger a los militares que participaron en la desaparición de nuestros hijos; al defender la estructura delincuencial que persiste al interior de las instituciones. Nos quiere crucificar imponiendo su verdad y colgando también en otras cruces al GIEI que por brindar asistencia técnica para la búsqueda e investigación de nuestros hijos, el gobierno y sus aliados los quiere crucificar como Dimas y Gestas.

La sabiduría de la cruz nos ha enseñado a encontrarle sentido al sufrimiento, a no dejarnos vencer ante el dolor y a no temer a los gobernantes que no hablan con la verdad y que no están comprometidos con el pueblo que sufre. Su egoísmo y su sed de poder los hace aparecer como Herodes, quien en tiempos de Jesús impuso un gobierno basado en el terror y la mentira.

En este viernes santo, nuestro viacrucis por las principales calles de Chilpancingo es para que Jesús crucificado nos consuele y escuche nuestro clamor de encontrar a nuestros 43 hijos con vida. Seguiremos cargando esta cruz del sufrimiento con la firme esperanza de saber la verdad y alcanzar la justicia. Que nuestras plegarias lleguen hasta el cielo para decirle a Dios como lo hizo Jesús en la cruz “¡Padre, en tus manos encomendamos a nuestros hijos!” ¡Por qué vivos se los llevaron! Vivos los queremos!

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