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PROGRAMA DE RADIO | En la ruta del coronavirus, derechos colectivos y reflexiones otras

Escucha: Programa de radio: Tlajtoltlapalehuilistli “La Palabra que Ayuda”.

En la ruta del coronavirus, derechos colectivos y reflexiones otras

Un miércoles más con vida, un poco recreando el título del libro de Ryszard Kapuscinski “Un día más con vida”. Me parece revelador en estos tiempos donde la vida se desmorona y donde la muerte nos habita, pero que también se programa, se administra y que no es más que la producción de la muerte. La discriminación, el olvido de las comunidades indígenas, la desigualdad y el hambre son las consecuencias de una crisis de sistema, socioeconómica dada, pero que tiene el quiebre con el coronavirus. Entonces tenemos que es necesaria la explotación para la reproducción de la vida y, por supuesto, la producción de la muerte: un ciclo que para el sistema económico capitalista se debe dar.

Sin embargo, retomaremos esta reflexión como palabras finales de este programa de radio.

Antes de todo, queremos señalar que el lunes, 20 de abril de 2020, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en una sesión que se llevó a cabo vía internet debido a la contingencia sanitaria que se vive en el país por el Coronavirus (COVID-2019), discutió la acción de inconstitucionalidad 81/2018 interpuesta por la CNDH y declaró la invalidez de los decretos Número 778 por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley 701 de Reconocimientos, Derechos y Cultura de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Guerrero y el Decreto por el que se expide la Ley 777 del Sistema de Seguridad Pública del Estado de Guerrero, los cuales se publicaron en el Diario Oficial del Estado  el día 24 de agosto del año 2018. El alto Tribunal estableció que dichas modificaciones legislativas afectan de manera directa en los derechos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas del estado dado que no existió una consulta previa, libre, informada, de  buena fe y culturalmente adecuada, lo que vulnera a su vez los parámetros constitucionales y tratados internacionales, pues las autoridades legislativas tienen la obligación de respetar y garantizar dicho derecho establecido en el artículo 2° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Finalmente asentó que esta sentencia surtirá efectos una vez que se publique en el Diario Oficial de la Federación y el poder legislativo tendrá un tiempo de 12 meses para hacer las adecuaciones necesarias, consultando en todo momento a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas del Estado de Guerrero. Tlachinollan saluda la sentencia emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Enseguida abordaremos la opinión de Abel Barrera Hernández, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, “En la ruta del coronavirus”, donde condensa no solo el dolor sino el viacrucis que viven familiares de migrantes que han muerto por el coronavirus en Nueva York. Las autoridades no atienden los gritos de auxilio a las familias, incluso las mismas autoridades mexicanas comparten una situación similar que los migrantes, originarios de la Montaña de Guerrero. La ruta que han hecho los migrantes es la misma que ahora tiene el Covid-19. (Escuchar audio completo)

Como palabras finales intentaremos reflexionar o al menos dar pinceladas sobre la hecatombe que ha traído el coronavirus. Nadie lo esperaba, llegó repentinamente como el aire de verano que anuncia las torrenciales de las nubes por el atardecer. La vida era un tanto aburrida que seguíamos los hilos de los problemas cotidianos. La violencia impuesta por los grupos de la delincuencia organizada visiblemente era el pan de cada día, aun en el contexto de la pandemia. La violencia patriarcal contra las mujeres y las desaparecidas, los crecientes feminicidios, la lucha por la defensa del territorio y contra los proyectos extractivos, la desaparición de los 43 normalistas y miles de desaparecidos y desparecidas en el país, reformas estructurales, el golpeteo de las organizaciones sociales y comunitarias por parte de las autoridades mexicanas, la invisibilidad de los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad, niñas y niños de la regiones más pobres sin derecho a la educación, a la alimentación, familias con escasos recursos económicos sin acceso a los centros de salud en comunidades indígenas y afromexicanas. Una serie de problemas que quedaron ocultos bajo el velo de la pandemia. Ante el discurso de la muerte ni siquiera el hambre de las niñas y niños es importante.

Sin embargo, la sensación de una punzada la despertó cuando una ola de viento empujó su cuerpo, ella taciturna sentada en la silla, ni si quiera con el canto de las chicharras le pasa eso, luego, con la palma de su mano derecha, sobó sus rodillas. Quería seguir en su sueño porque ahí llegaba la primavera, recordaba sus años cuando sus fuerzas podían en los surcos de los campos agrícolas, cuando compró los dos terrenos que le quedan, lo más que ha podido hacer en esta vida. Volvió a la misma realidad desolada y pesada. Miró a su nieto “panchito” tirado sobre un petate en el piso de tierra hirviendo de calentura y dolor de cabeza, huérfano de madre, y de padre también porque nunca estuvo con él, es más fue el responsable de la muerte de su madre, “de un tiro en la cabeza”.

Doña Francisca Modesto de la comunidad de Ayotzinapa, es la abuela y madre de “panchito”. A sus 80 años de edad poco le importa la pobreza, su interés es más por ver crecer a “panchito” y a “Tina”, su otra nieta, de 13 años de edad, que anda trabajando en los campos agrícolas de Sinaloa.

Su casa mide tres metros cuadrados, construida por palos, un par de láminas para el techo, tres sillas pequeñas y un petate para dormir en el piso de tierra. Hay tres sombreros de palma en una esquina, una vez que haga más los venderá a cinco pesos. Así sobrevive. Sin embargo, lo que le ayuda es el apoyo de pro-campo donde le dan mil 600 pesos. En varias ocasiones trata de ahorrar tratando de comer una vez al día, con tal de que su nieto y nieta coman bien. Ahora que llegó el coronavirus, ella se ríe y dice “eso no es cierto”. Nada la distrae porque ella necesita filosofar sobre el hambre, del que va a comer al día siguiente. Esa es su realidad por eso no quería despertar, pero ese aviso punzante de sus rodillas la hizo levantar, porque no fue su pobreza ni su fatiga, sino el dolor que le hace pensar al mirar a su nieto revolcándose como una braza en el piso de tierra.

Como la situación de doña Francisca hay muchas familias en la Montaña de Guerrero. Muchas familias hasta parece que se han acostumbrado a la pobreza, pero sólo porque no quieren meterse en problemas con el gobierno, por eso no exigen y prefieren el silencio como la resistencia oculta, además de demostrar que también pertenecen a este mundo como seres humanos con dignidad.  Es, sin duda, una violencia sistemática e histórica al dejar en el olvido a las comunidades de la Montañas. En estos supuestos sociales se fundamenta la resistencia de las comunidades Me’phaa, Na Savi, Nauas, Ñonmdaa y Afros de Guerrero.

La preocupación es la crisis actual del sistema capitalista que vino a destapar el coronavirus. Más concretamente la crisis económica que se deja venir en México. Angélica Enciso L. en su nota del 21 de abril de 2020, En la Jornada Nacional, escribe que Genaro Aguilar, investigador de la Escuela de Economía del IPN, señala que para el “2021 se estima que la población en pobreza será de 60.2 millones de personas, 14.2 por ciento más de los que hay actualmente”. Continúa, […]personas en pobreza y hambre en el país derivado de la contingencia por el Covid-19 y otros factores”

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas anuncia que “La pandemia del coronavirus puede duplicar el número de personas que padecen hambre extrema”.  “Advierte que si no se toman medidas se puede enfrentar múltiples hambrunas de proporciones bíblicas en unos pocos meses”.

“Unos 265 millones de personas en los países de ingresos bajos y medios estarán en situación de inseguridad alimentaria aguda a finales de 2020 de no adoptarse medidas rápidas”. Desde luego, América Latina es foco rojo y México no está exento.

Justo las economías capitalistas generan pobreza y cadenas de desigualdad, pues sin que revisemos la historia, pese a que es importante un estudio historicista, podemos darnos cuenta que la vida se hace más cara. Pero cuando los Estados tienen crisis como actualmente en el mundo, particularmente en México se crean nuevos pobres y los pobres se convierten en más aún. Entonces la aumenta la pobreza al desmoronarse la economía nacional, esto necesariamente nos lleva a reflexionar sobre la desigualdad a partir de las relaciones humanas asimétricas de poder. La medición incluso para el análisis es el pobre y el rico, dicotomías que no hemos dejado. Lamentablemente las clases sociales existen desde años atrás, una forma de mantener controlada a las personas, por eso es curioso que con la pandemia hay de los disciplinados y los indisciplinados, esto da como resultado una relación de racialización y discriminación, incluso de autoritarismo, quizá en México no se note tanto, pero en otros países sí. Lo que sucede es que en estas crisis las comunidades indígenas quedan aún más vulnerables, así es como llegan los grupos oportunistas como se está mirando en México con los carteles repartiendo despensas. Es por eso que la muerte también tiene un sentido de mercancía.

Sin embargo, después de que el coronavirus ronda en el mundo se viene una crisis estructural que tiene que ver con los recursos hídricos, la ecológica, el calentamiento climático, la energética, además del desplome del petróleo, entre otros, pero súmese el sistema de hospitalización que no se da abasto y que es endeble en la región de la Montaña.

Para finalizar esta reflexión muy breve decir que administran no solo las muertes sino nuestras vidas. Con la llegada del coronavirus ha quedado evidenciado que el discurso de la muerte ha sido efectivo, máxime cuando se trata de defender la vida. Pero el poder o el sistema económico-social no puede defender la vida cuando propone la muerte destruyendo los recursos naturales que los pueblos originarios han preservado históricamente. El Estado, desde la colonización, ha tratado de aniquilar la vida y lo sigue haciendo, mientras los pueblos reafirman la vida con acciones incluso cerrando sus entradas y salidas.

En estos momentos toca repensarnos como humanos, como sociedad. Un virus que solo tiene una dimensión de 10 a 300 nanómetros, es decir, que puede medir 0.0002 milímetros, o sea, que no es visible a la mirada humana causó grandes estragos a la humanidad. Sabemos que la pandemia del coronavirus vino a causar muchas muertes en el mundo, pero no todos los virus enferman, es más deberíamos pensar en que vivimos con ellos desde hace mucho tiempo, incluso fueron los que primero poblaron este mundo. Nos debería hacer pensar que los humanos no somos los únicos en el universo. Hay otros mundos que a nuestra mirada se escapa. Es más, podríamos decir que este mundo es una ilusión o una simulación, es decir, es como si viviéramos en una arena en constante movimiento. Es como si nuestro mundo estuviera siendo calculado continuamente. Tal cual como se programa la muerte en tiempos del coronavirus. El ser humano ha tomado como realidad, su realidad, solo lo que puede observar. Un error.

Es por eso que debemos repensar la reproducción de la vida colectivamente, muchas comunidades indígenas nos han enseñado otra forma de pensarse y de interactuar en este mundo. Sin embargo, hacemos un llamado a las comunidades a afianzar más su organización y la solidaridad en tiempos de crisis. Las comunidades indígenas y campesinas han enseñado al resto del mundo que se puede pensar de otra forma, que se puede convivir con la naturaleza, que se puede mirar de maneras otras la vida, sin convertirla en mercancía. Este es el momento de pensarnos y de pensar en una sociedad diferente.