REPORTAJE | El alcalde de Tlapa y el DIF se niegan a devolver a su madre a un bebé a quien dieron en adopción

Historia de Yaqueline, madre soltera de 23 años que lleva ocho meses exigiendo la entrega de su hijo. En el MP le abrieron una carpeta de investigación acusándola del delito de omisión de cuidado, y la amenazan con encarcelarla. El gobierno de Tlapa no cumple la Ley para la protección de los derechos de niñas y niños y viola los derechos de la madre, denuncia Tlachinollan.

Tlapa, Guerrero, 3 de julio 2019. Una joven madre soltera originaria de San Martín Jolalpan, Cualac, en la región Montaña, pide que le devuelvan a su hijo, de ocho meses, a quien las autoridades del Ayuntamiento y del DIF de Tlapa dieron en adopción a un matrimonio, y violan los derechos de la mujer indígena nahua.

Es la historia de Yaqueline Cruz Nemorio, de 23 años, que dio a luz a Luis Miguel el 29 de octubre de 2018, en el hospital de Tlapa. Aquejada por trastorno depresivo, y sin plena conciencia de sus actos, dejó al bebé en una calle. Desde el mismo día lo busca y lo reclama. Pero el presidente municipal de Tlapa del partido Morena, Dionicio Merced Pichardo García, la presidenta del DIF, Concepción Espíndola Alvarado, y la subprocuradora de Defensa del Menor, Lariza Mejía Martínez, se niegan a entregar al niño.

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Yaqueline caminaba sin rumbo por las calles de San Martín Jolalpan. Su hermana Crescencia la encontró en la orilla del pueblo, en una mano arrastraba una mochila negra, sin fuerzas, con un rostro cadavérico, sus pies iban de un lado a otro, creyó que iba borracha.

Le habló y le dijo que la acompañaba a la casa de sus padres Ofelio y María, donde su madre la recibió con un abrazo, tras meses de no verla porque estaba fuera, trabajando como empleada doméstica.

Su madre la vio enferma, le dio un taco porque tenía hambre. Le sirvió frijoles que tragó con desesperación.

Subió al cuarto, se acostó, su cuerpo temblaba. Su respiración era agitada, intentó dormir sin conseguirlo.

Un amor a escondidas

Yaqueline Cruz Nemorio tiene 23 años. Habla náhuatl como la mayoría de los habitantes de San Martín Jolalpan, municipio de Cualac, uno de los 19 que integran la región Montaña y carente de oportunidades para los jóvenes.

Al concluir su Bachillerato migró a Tlapa para estudiar y trabajar. Ingresó a la licenciatura en Desarrollo Comunitario Integral, de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), donde se gastó los ahorros que tenía del pago de una beca por enseñar a leer a personas adultas en su pueblo.

No pudo seguir en la escuela porque con el trabajo eventual que consiguió  los horarios no eran compatibles. Era el año 2016 cuando conoció a Miguel Ángel Roque Vallejón, se hicieron amigos, supo que trabajaba como velador en un negocio de pollos, tenía 26 años y que era soltero.

Ante la falta de trabajo continuo en Tlapa se fue a la Ciudad de México sin perder la comunicación con Miguel Ángel y a mediados de octubre de 2017, cuando volvió a Tlapa se hicieron novios. Acordaron que ella vendría a verlo cada ocho o 15 días. Todo iba bien.

En febrero de 2018 quedó embarazada, eso la puso feliz y se lo compartió a Miguel Ángel cuando lo vio en Tlapa, quien mostró sorpresa y alegría y le prometió apoyo en el embarazo y que pronto se casarían para que no la regañaran en casa de sus padres.

La mandó a la casa de sus padres para que lo esperara mientras arreglaba las cosas, pasaron meses y no llegaba, un día llegó, pero no fue a ver a sus padres ni a pedir su mano ni dijo nada.

Su embarazo siguió, no se le notaba por su complexión robusta y le insistió a Miguel Ángel que fuera a pedir su mano o hablar con su familia porque en días ya no podría ocultarlo y empezarían los rumores en el pueblo.

En agosto la llamó Miguel Ángel diciéndole que mejor se saliera de su casa antes de que notaran su embarazo porque él no podría ir, que se fuera a la Ciudad de México, que él tenía problemas familiares en su pueblo Tapayoltepec, del municipio de Malinaltepec, que era perseguido y se estaba escondiendo.

Yaqueline salió a la Ciudad de México con temor a ser señalada en su pueblo porque estaba embarazada sin casarse ni se le conocía un novio y a ello se agregó la pesadumbre de no poder comunicarse con Miguel Ángel.

En Ciudad de México se empleó como trabajadora doméstica. Las redes sociales, en Facebook le dieron una sorpresa, Miguel Ángel apareció con otro nombre, no era perseguido ni se estaba escondiendo y al indagar, sus primos le dijeron que era casado y tenía hijos en su comunidad Tapayoltepec. Eso la entristeció.

Regresó a Tlapa en octubre para enfrentarlo. Su embarazo estaba por concluir, le pidió apoyo para el alumbramiento porque ya sabía que no se casaría con ella porque tenía familia; él le dijo que se fuera a otra ciudad, que le daba dinero, ella no aceptó.

Le ofreció pagarle un cuarto en Tlapa donde la visitaría y acompañaría durante su embarazo, lo aceptó porque no tenía a dónde ir y sus padres no sabían nada y no tenía fuerzas para enfrentar lo que dirían en su pueblo, si llegaba así “panzona”.

Arréglatelas como puedas

El 28 de octubre Yaqueline inició su trabajo de parto avisándole a Miguel Ángel para que la llevara al hospital, le dijo que no podía que estaba trabajando y un “arréglatelas como puedas”, aunque horas más tarde envió un taxi por ella y se fue acompañada de una joven vecina, ya era la madrugada del 29 de octubre cuando su hijo nació y le puso Luis Miguel.

El 30 de octubre que la dieron de alta, Miguel Ángel la fue a recoger y la llevó al cuarto que rentaba en la colonia San Antonio, eran las 6 de la tarde. Le pidió agua y alimentos que nunca llegaron. En dos ocasiones le llevó atole. No tenía suficiente leche para el bebé, estaba débil por la falta de alimentación adecuada y la falta de ayuda en convalecencia.

Deja de estar de floja y sal a trabajar

Así transcurrieron cinco días. El 5 de noviembre Miguel Ángel llegó molesto. La encontró acostada, en el suelo, sobre la sábana que les servía de cama. Apenas abrió la puerta del cuarto, oscuro, le dijo que era una floja, que, si pensaba pasarse el tiempo acostada, que ya debería pararse, caminar y buscar empleo.

Ante los gritos, su hijo Luis Miguel al que tenía amamantando lloró. Eso lo enojo más y los amenazó diciendo que ya no pagaría el cuarto, que se fueran, la renta se vencía. Tiró las escasas cosas al suelo.

Se le acercó amenazante, se contuvo las ganas de golpearla, le dijo nuevamente que se fueran o los sacaría por la fuerza. Yaqueline no dijo nada, el parto reciente la tenía débil, no había comido bien y sus fuerzas se fueron en acarrear agua para bañar a su bebé.

Miguel Ángel salió azotando la puerta. Ya era hora de entrar trabajar. Yaqueline se quedó acostada con su hijo llorando, ella lo acompañó silenciosamente. No durmió.

En la madrugada decidió irse. Agarró su mochila negra, la llenó con las escasas pertenencias que tenía.

En una bolsa negra de plástico, de las que se usan para basura, puso los documentos y cosas de su hijo. No supo con precisión la hora, sólo que debía salir antes de que Miguel Ángel volviera de su trabajo, antes de las 6 de la mañana, para que no cumpliera sus amenazas de sacarla a la fuerza o golpearla si se negaba.

Cargó la mochila negra, la bolsa de plástico y a su bebé en sus brazos y salió del cuarto. Aún estaba oscuro, caminó por las calles angostas de la colonia San Antonio, de Tlapa.

Las sombras

El peso de la mochila, el esfuerzo físico hecho en el parto, la falta de alimentación y el miedo a no saber qué hacer hicieron flaquear su cuerpo. Sus pasos se hicieron lentos, las piernas no le respondían, perdían fuerza, su cuerpo temblaba.

El bebé Luis Miguel empezó a llorar, exigía su primer alimento. Caminó hasta que encontró una banqueta para sentarse. Se lo acomodó para amamantarlo y calmar su llanto.

Estaba frente a una tienda de abarrotes pintada de rojo, cerrada; por un lado, su mochila y al otro la bolsa negra.

“Me sentí como gelatina, temblaba. Me escurría agua por la frente. La cabeza me daba vueltas, sentí que me caía, para no lastimar a mi bebé lo acomodé en la bolsa negra, estaba envuelto en su cobija, así si me desmayaba no lo tiraría ante la falta de fuerza en mis manos”.

“Estaba yo caminando, llevaba la mochila negra. Llegué hasta el transporte que va Huamuxtitlán, me subí y me dormí en el viaje. Al llegar hice el cambio para los carros de Cualac y de ahí a San Martín. No sentí que me faltara nada, pero me sentía extraña, cansada. En el pueblo me encontré a mi hermana quien me acompañó a la casa de nuestros papas”.

Tienes un hijo

Yaqueline recuerda que estaba acostada, no podía dormir. Algo la atormentaba, pero no sabía qué.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por su mamá María Crescencia que entró al cuarto y sin titubeos le preguntó: ¿Es verdad que tuviste un hijo, dónde está?

Los recuerdos volvieron. ¿Sí, dónde está?, le preguntó a su mamá, ésta le dijo que si no recordaba dónde lo había dejado.

“Afuera está una trabajadora social del DIF de Cualac, dice que se llama Norma y que le avisaron del DIF de Tlapa que te buscara porque creen que abandonaste a tu hijo en una calle de Tlapa”.

Las lágrimas salieron antes que sus palabras. La imagen del bebé llegó de golpe. “¿No lo traje conmigo?”, le preguntó a su mamá quien le respondió que había llegado sola.

“Vamos por él, sí tuve un hijo, es mi bebé”. Salieron a decirle a la trabajadora social que sí había tenido un hijo y que si le podía ayudar. Ella les respondió que sí, de hecho, fue el DIF Tlapa quien pidió apoyo para que se investigara si la madre estaba en San Martín como lo decían unos documentos que se quedaron en la bolsa de plástico donde el bebé fue localizado, además de llevar el brazalete del hospital.

Horas más tarde salió de San Martín a Tlapa con su mamá, su hermano Ofelio con su esposa Mireya y la trabajadora social al Ayuntamiento de Tlapa donde están las oficinas del DIF.

Sin rastros de su hijo y carpeta de investigación abierta en su contra

El 6 de noviembre que llegó a las oficinas del DIF de Tlapa acompañada de su familia y la trabajadora social del DIF de Cualac fue recibida con insultos por una trabajadora de la que sólo recuerda que tenía pelo corto y pintado de rojo: “tengo ganas de pegarte, de jalonearte yo estoy muy enojada por lo que hiciste”.

A esos se sumaron los de otras trabajadoras que le reclamaron porqué había abandonado a su hijo, en una bolsa de naylon, que se pudo haber muerto, que no se merecía ser madre, que era una mala persona y no debía tenerlo. El tiempo que permaneció en el lugar las miradas de desprecio se fijaron sobre ella.

La trabajadora social de Tlapa, lo primero que le dijo fue que no verían al niño, ni ella ni sus familiares porque no tenían derecho y no se lo entregaría.

La licenciada Concepción Portillo Flores, a quien tiene en su mente por el lunar en la cara, le dijo que si quería ver al niño, debía presentar una prueba de maternidad y esa costaba 35 mil pesos, “si los tienes puedes comprobarlo”.

La presidenta del DIF de Tlapa, Concepción Espíndola Alvarado, les repitió que no podían ver al bebé, pero que estaba bien en el hospital general.

Luego le ordenó pasar con el sicólogo que le preguntó sobre lo que había ocurrido en los últimos días hasta llegar a la mañana cuando dejó a su bebé. En esa primera valoración le diagnosticaron depresión post parto.

Entraron al lugar nuevamente Portillo Flores y Espíndola Alvarado recriminándole el abandono del bebé y por qué no buscó ayuda si tenía problemas de pareja y que ellas la hubieran ayudado.

Pidió ver a su bebé y se lo negaron, diciéndole que era posible que lo viera por última vez, pero si lo daba en adopción.

“Me negué, sabía que algo había hecho mal, pero no era mi culpa, no lo recordaba, yo no quería deshacerme de mi hijo, yo lo quiero, le cantaba mientras estaba embarazada y quiero darle amor, amamantarlo”, les dijo.

El 7 de noviembre fue al DIF de Cualac y la presidenta Margarita Lucía Carranza Luna le extendió un oficio para que fuera al hospital básico comunitario de Huamuxtitlán y la valorara un sicólogo, fue así que el 13 de noviembre la psicóloga Citlali Honorato Gabriel le extendió un diagnóstico similar al de Tlapa “probable transtorno depresivo recurrente, episodio actual moderado”.

La canalizó a la Jurisdicción Sanitaria en Tlapa con la siquiatra Nesely María González Fierro que diagnosticó “bueno, ya que cuenta con una buena red de apoyo familiar que la ayudará a cuidar a su hijo”.

Yaqueline visitó regularmente el DIF de Tlapa para preguntar sobre su hijo. Llevaba esas valoraciones, pero la negativa siguió por parte del municipio.

Buscó ayuda en el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan donde le hicieron un oficio para entregarlo al procurador de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes en Guerrero, Juan Hilario Almonte, para eso viajó a Chilpancingo con su mamá María Crescencia.

El procurador las recibió y le explicaron que querían ver al bebé, Luis Miguel Roque Cruz porque en el DIF de Tlapa no lo permitían y ya llevaban meses solicitándolo y que si bien lo había abandonado era porque atravesaba un problema emocional que determinó la sicóloga como depresión post parto y que, desde ese tiempo, estaba acudiendo a sicólogos y siquiatras que dictaminaron que era posible que tuviera su hijo por la red de apoyo familiar con la que contaba.

Hilario Almonte la escuchó y le ofreció preguntar sobre el caso en el DIF de Tlapa y en el Ayuntamiento porque no tenía información de que el menor estuviera en Chilpancingo, en la casa hogar, donde refieren a los menores los municipios.

Salió sin saber nada de su hijo, pero con una recomendación de que fuera a la Agencia del Ministerio Público en Tlapa porque estaba abierta una carpeta de investigación en su contra, que primero lo resolviera y después se investigaría el rastro del menor.

Hasta el 30 de junio de 2019, el procurador no le había informado nada.

Con esa información rindió entrevista el 20 de marzo con el licenciado del Ministerio Público, Saulo Gil Ibañez, ahí se enteró de que el delito era omisión de cuidado, denuncia que hizo la subprocuradora de la Defensa del Menor del Ayuntamiento de Tlapa, Lesly Pilar Castillo González.

Yaqueline regresó al DIF de Tlapa y fue atendida por quien se identificó como subprocurador de Defensa del Menor y la Familia, Paulino, quien le dijo que había asumido el cargo recientemente y no tenía el expediente de su hijo, pero preguntaría ya que habían cambiado a varios trabajadores.

Le dijo que en la semana le tendría información. Yaqueline se quedó en Tlapa para recibir la llamada, en su pueblo no hay señal. Pasaron los días, no le habló y mejor se fue a su pueblo.

A finales de febrero, le dijo que una persona le iba a llamar. Eran las 3 de la tarde cuando sonó su teléfono. La voz se identificó como Concepción Portillo Flores, la ex subprocuradora que le dijo que su hijo estaba bien, en buenas manos y lo dejara de buscar.

A cambio le ofreció material para que mejorara su casa y dinero para establecer un negocio y le dijo que ella no podría atenderlo porque se había enfermado de reflujo y tenía cuidados especiales, tomaba leche especial que ella no podía pagar.

“Le respondí que no, que quería a mi hijo y si bien me había equivocado al dejarlo, no fue intencional, ahora estaba bien y contaba con mi familia, como no quise aceptar me dijo que me iban echar a la cárcel y mejor resolviera eso porque había una investigación por omisión de cuidado y por intento de homicidio, que primero arreglara ese problema y luego iniciara un juicio de maternidad”. No le dijo nada sobre su hijo.

Sus visitas al Ministerio Público sirvieron para pedir información sobre su hijo y en los procedimientos legales requirieron al presidente municipal, Dionicio Merced Pichardo García y a la presidenta del DIF, Concepción Espíndola Alvarado y la subprocuradora de Defensa del Menor y la familia, Larissa Mejía Martínez las copias del expediente de su hijo que no le han querido proporcionar.

El 4 de abril la subprocuradora entregó un oficio cuyo contenido decía que su hijo había sido dado en adopción a un matrimonio bajo la figura acogimiento pre-adoptivo y no darían más información “por las circunstancias en que se dieron los hechos y por seguridad del niño”.

Fue el único documento entregado, el expediente nuevamente no llegó.  Ni hay otros datos pese a los plazos que estableció el Ministerio Público para hacerlo.

El 9 de mayo se entrevistó con el fiscal general del estado de Guerrero, Jorge Zuriel de los Santos Barrila, quien se comprometió a realizar los actos de investigación como entrevistas y realizar la prueba genética forense para determinar su maternidad que quedó acreditada el 3 de junio con el dictamen.

Ante esa prueba el Ministerio Público requirió desde el 6 de junio a Pichardo García, Espíndola Alvarado y Mejía Martínez que presenten al menor para ser entregado a su abuela, María Crescencia, pero se ha negado pese a tener conocimiento de que pueden ser investigados por el hecho delictuoso que se acredite.

Violación a sus derechos humanos: Tlachinollan

La asesora jurídica del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, Neil Arias Vitinio contó que Yaqueline solicitó su apoyo en febrero de 2019, cuatro meses después de los hechos.

Comenzaron con la solicitud de información a las autoridades estatales y municipales, sobre el expediente y el lugar donde está el bebé y no han respondido.

Dijo que por esa razón interpusieron una queja en la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero, el 17 de junio por los actos violatorios a Yaqueline y a su hijo Luis Miguel en su derecho a la información, a la seguridad jurídica, a la familia, a una vida libre de violencia y a la no discriminación.

Y señalaron como responsables al procurador de Protección de Niñas, Niños, y Adolescentes del estado de Guerrero, Juan Hilario Almonte; al presidente municipal de Tlapa, Dionicio Merced Pichardo García; a la presidenta del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Tlapa, Concepción Espíndola Alvarado y a la subprocuradora de la Defensa del Menor y la Familia del DIF de Tlapa, Larissa Mejía Martínez quienes de manera sistemática y en complicidad le han negado información sobre su hijo.

Agregó que pidieron medidas cautelares para que no se siga violentando el derecho a la alimentación del menor, los cuidados y atenciones; le den las copias del expediente que se formó con motivo del abandono de su menor hijo, el 6 de noviembre en la colonia San Antonio en Tlapa.

Le proporcionen información del lugar y con qué familia se encuentra su hijo y que los acompañe personal del DIF de Tlapa al domicilio para cerciorarse de las condiciones físicas y de salud en que se encuentra.

Y se deje sin efecto la medida otorgada por la Presidencia del DIF municipal y la subprocuradora de la Defensa del Menor y la Familia de que su hijo fue dado a un matrimonio mediante la figura de acogimiento pre adoptivo y sea entregado a su abuela materna, María Crescencia o a ella para no seguir violentando sus derechos.

Arias Vitinio explicó que la administración de Dionicio Merced Pichardo García actuó contra la Ley 812 para la protección de los derechos de niñas y niños y adolescentes del estado de Guerrero que establece que los menores pueden ser ubicados con su familia extensa o ampliada para su cuidado y eso no fue tomado en cuenta cuando la familia solicitó la custodia del bebé.

Y que la presidenta del DIF Tlapa, Concepción Espíndola Alvarado, y la subprocuradora debieron poner al menor al cuidado de sus familiares directos como sus abuelos y que por el hecho de que el municipio no cuente con un albergue o casa cuna no es motivo para que dieran, fuera de sus atribuciones, al bebé a una familia de acogimiento pre adoptivo porque eso violentó sus derechos humanos.

Además de la negativa de los funcionarios del Ayuntamiento a dar información sobre el expediente y qué familia tiene al menor “con eso se ve un notorio interés por proteger a la familia de acogimiento más que al menor y a Yaqueline al negarle el contacto para alimentarlo, cuidarlo o convivir con él. El DIF municipal en lugar de integrar a la familia como es su deber los alejó”.

Arias Vitinio dijo que los del DIF municipal con la complacencia del presidente Pichardo García han obstaculizado el procedimiento legal para que Yaqueline vea a su hijo, al recriminarle el abandono sin tomar en cuenta las valoraciones psicológicas y psiquiátricas que acreditaron que pasó un problema de salud mental que la llevó actuar de manera inconsciente y con eso le negaron el derecho a una vida libre de violencia y atender el caso sin una perspectiva de género.

También la discriminaron por ser mujer y no tener dinero para hacerse las pruebas de maternidad que le solicitaron desde el primer día, siendo el primer obstáculo que les pusieron en la administración del partido Morena en Tlapa.

Quiero a mi bebé

Ante la negativa de las autoridades de darle información sobre su hijo y, ahora saber que fue dado a un matrimonio, crean lazos afectivos y se niegan a entregarlo, “lo entiendo, pero no es mi culpa, eso fue generado por el DIF y el presidente, a ellos les dieron esa oportunidad de cuidarlo y quererlo, a mí me la negaron”.

Yaqueline dejó de ver a su hijo cuando tenía siete días de nacido. Los detalles precisos se ocultan en su memoria, se niegan a fluir, eso la atormenta porque valió para que recibiera un sinfín de calificativos que hasta el momento han prejuiciado la pelea por su hijo Luis Miguel.

El pasado 21 de junio, una copia con una imagen borrosa de un bebé sacó sus lágrimas. Se limpió una y otra vez los ojos, restregando sus dedos, como si con eso arreglara la fotografía difusa del papel, eran fotos de su bebé de frente y perfil.

Ahora, tiene ocho meses, es la primera vez desde ese 6 de noviembre que lo vio, aunque fuera en papel luego de que el Ministerio Publico pidió que fuera presentado porque las autoridades municipales continuaban en su negativa.

 

Publicado originalmente en el Periódico El Sur