Derecho a la salud Morir en los filos de la Montaña La lengua es la puerta del mundo de los pueblos originarios para su florecimiento. No hay nada que festejar en el Día Internacional de la Lengua Materna, cuando la discriminación sigue a flor de piel y los pueblos nahua, me’phaa, na’ savi y ñomndaa permanecen en el abandono. Las comunidades indígenas de la Montaña de Guerrero siempre son las olvidadas, sin derecho a la salud, educación, alimentación. La sobreviviencia de las familias es un milagro porque están al filo de la muerte. Las niñas y niños con la desnutrición tienen que acudir a la escuela o ayudar en los quehaceres a sus padres con el estómago vacío. Regularmente la alimentación es una salsa picante con tortillas, y cuando les va mejor comen frijol o huevo. Las oportunidades de trabajo son escasas y por eso deciden enrolarse como trabajadores agrícolas. La desatención gubernamental es abismal. En días recientes de febrero de 2026 un niño de dos años de la comunidad na savi de Río Encajonado, municipio de Cochoapa el Grande, murió por sarampión, mientras su hermanito gemelo dio positivo. Los maestros y maestras de la escuela primaria bilingüe “Vicente Guerrero” señalaron que desde el 3 de febrero se habían reportado los primeros casos de sarampión. Sin embargo, las autoridades de salud no acudieron para aplicar la vacuna. Tuvo que fallecer el niño para que llegara una brigada médica hasta el 17 de febrero. La directora encargada de la primaria “Vicente Guerrero” giró una solicitud urgente el 4 de febrero a Francisco Ramírez Victoria, supervisor de la zona escolar 032, para que les enviaran una campaña de vacunación ante 13 casos de sarampión detectados, algunos en estado muy avanzado, por lo que el resto de los estudiantes, docentes y el comité de padres de familia debían ser vacunados para evitar más contagios, exigen en la solicitud. Fue recibida el 5 de febrero por las autoridades correspondientes con los sellos de la Secretaría de Salud e instancias educativas. En una transmisión en el perfil de Facebook de una profesora “La Profe Hada” denunció la desatención de las autoridades de salud. “Pero, qué dijeron los de Salud, `se les brindó la atención médica correspondiente, se hizo lo que se pudo’; prácticamente se lavaron las manos. Hay más de 20 casos” de sarampión, reclamó la docente. La brigada médica llegó por la presión de las maestras y maestros. Las autoridades estatales y federales tienen a las familias indígenas abandonadas, si nadie muere no las voltran a ver. “Primero los pobres” sólo existe en el discurso porque en las veredas de la Montaña solo se dibuja la discriminación, el racismo y el desprecio de las autoridades. Los problemas estructurales de salud son históricas. Lo más grave es que la cuarta transformación no ha podido resolver el servicio de salud en lo más básico. En algunos lugares no se cuenta ni con paracetamol; en otras, los centros de salud o casas de salud están cerradas. Cuando la maestra Diana Juárez llegó hace 7 años a la comunidad de Arroyo Prieto, a unos minutos de Río Encajonado, había un médico y una enfermera en el centro de salud. “Rara vez vacunaban contra la influenza entre noviembre y diciembre. Llegaban medicamentos, pero se rumoraba que una enfermera se los llevaba a su farmacia particular o se echaban a perder”. La docente Diana relata que los niños llegaban a la escuela “con mucho sarpullido sobre todo durante la temporada de frío en noviembre, diciembre y enero. El brote se expandía porque era contagioso. Los granitos se formaban alrededor de los labios y en las manos. Con la anuencia del director consulté con un doctor de Tlapa, le mandé fotos y me dijo que se trataba de un hongo muy contagioso. La matrícula de la escuela era de 300 alumnos, 23 niños y niñas se habían contagiado. Los atendieron en el centro de salud hasta que se curaron”. Con la crisis sanitaria a una enfermera de la comunidad la responsabilizaron por la muerte de un niño que vacunó. Nunca se supo la verdad, pero renunció. Quedó un médico que después contendió para presidente de Cochoapa el Grande y así el centro de salud quedó sin personal. Hace 3 años llegó un enfermero, luego una enfermera de la misma comunidad y una pasante. Promovieron la vacunación porque tenían miedo desde el Covid. Todo estaba bien en el centro de salud hasta que regresó el ex presidente. Sin embargo, en la comunidad se respiraba mucha tensión porque se rumoraba que en cualquier momento lo iban a matar. El miedo reinaba, a las 7 de la noche las puertas de las casas estaban cerradas. Se sabe que una noche hombres armados fueron por el ex presidente a la clínica, pero solo encontraron al enfermero durmiendo, se asustó y pidió su cambio. Por eso desde hace dos años no hay personal de salud. “Hace 15 días cuatro niños llegaron a la escuela con fiebre, tos y gripe. Así llegan muchos niños, pero el centro de salud está cerrado”, lamentó Diana Juárez. De 28 caravanas de salud en la Montaña ni una llega a las comunidades. Antes iban cada 15 días o cada dos meses, pero ahora dejan a las familias a su suerte. “La semana pasada estuvieron seis enfermeras en la escuela primaria de Arroyo Prieto porque fue seleccionada para el programa Vida saludable. La Secretaría de Salud mandó los formatos para rellenar algunos datos. Revisaron talla y peso, les hicieron examen de la vista y revisaron si tenían caries a los niños y niñas. Sólo de cuarto grado donde doy clases fueron 18, pero no me pareció objetiva la revisión porque a simple vista se observan niños con dificultades de la vista que no fueron diagnosticados. Al final se regresaron, pero nos dejaron la responsabilidad de subir los datos a la plataforma el lunes 16 y martes 17 de febrero”, reclamó la maestra. En redes sociales denunciaron que en la comunidad de Calpanapa el Viejo estuvieron esperando la brigada de salud de “Vida saludable” el 13 de febrero, pero nunca llegaron. “Nos mintieron. Ellos pidieron que les hicieran de almorzar, y los papás com mucho esfuerzo hicieron comida para que a la mera hora nos dijeran que ya no van a bajar”… Después no respondieron. Los estragos de la desatención no sólo se limita a la falta de maestros y maestras, sino también de servicios de salud que las familias tienen que buscar por sus propios medios. Es el caso de la comunidad de Joya Real que en octubre de 2025 niños y niñas fueron contagiados de sarampión. A la falta de doctores y enfermeras en las comunidades de Cochoapa el Grande, se suma la violencia en el cerro de La Garza, donde se han registrado asaltos y asesinatos en los últimos años. Aproximadamente hace un año fue asesinado un niño de 13 años en la comunidad de El Coyúl por un grupo armado. Su familia pudo escapar. Después de unos días mataron a un maestro, pero las autoridades municipales quieren ocultarlo. A las autoridades estatales y federales no les importa que en el territorio de los pueblos indígenas impere la ley de las balas, donde la muerte pasa inarvertida en los filos de la Montaña. Foto: Diana Juárez Share This Previous ArticleArnulfo: justicia injusta No Newer Articles 12 horas ago