Violencia de género Acoso sexual en el hospital de Tlapa En el Hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Tlapa, Guerrero, son recurrentes los tratos despóticos contra las familias indígenas de la Montaña, los abusos laborales, la falta de garantía de protección a las mujeres y la peor infamia es el acoso sexual que sufren las trabajadoras, sin que las autoridades castiguen a los agresores. El 3 de febrero de 2026 entre las 8 y 9 de la mañana Sofía, de 18 años, estaba en el séptico, un cubículo que sirve para almacenar materiales de limpieza, “llenando mi cubeta de aroma e hipoclorito cuando entró Sidney Gordillo Díaz, de 45 años, y sentí el abrazo, tocando mi cuerpo. Una mano la puso atrás y la otra adelante debajo de la cintura. En ese instante me sentí congelada. Luego me apretó contra su cuerpo y me soltó. No sabía qué hacer. El señor no dijo nada. No reaccioné en ese momento porque estaba congelada”. “Trataba de disimular que trapeaba, movía mi cubeta, pero sólo era para asimilar lo que me había pasado. Me quedé pensando qué hago. Le mandé un mensaje a mi novio y le conté lo que pasó. Con mucho trabajo me animé a denunciarlo”, nos contó Sofía, víctima de acoso sexual. Fue a ver a la encargada Leydi Delgado Gregorio y le contó que no sabía qué hacer porque el señor Sidney la “abrazó” sin su consentimiento. Evidentemente no fue un abrazo para saludar, sino un acto violento como el acoso. La víctima fue con Leydi Delgado con la esperanza de que la protegiera, pero no creyó en su palabra, por el contrario, le dijo que se trataba de un “cariño” y que lo había malinterpretado como acoso. Cuando Sidney llega, Sofía le pregunta “¿por qué me abrazó por detrás? Yo nunca he visto que abrace a otras compañeras. La verdad sí me sacó mucho de onda”. “No, pero fue de aprecio nada más, no fue por otra cosa. No fue con malas intenciones. Era por compañerismo nada más”, respondió el acosador. La encargada agrega: “es lo que me decía Sofía, que no ha visto que abrace a otras compañeras, y le digo que hay que hablarlo para que se aclare, para evitar otras versiones. Le digo, lo mando a traer, lo hablamos y que no vuelva a suceder. Así usted también está enterado que aquí nada más es buenos días, buenas tardes, compañeras”. Sidney no se movió de su postura, –no, nada, ni malas intenciones, ni otras cosas. Igual así es con las de la tarde, llegan y el abrazo y todo, y no es… “Bueno, a lo mejor las otras compañeras se dejaron, pero pues a mí no me gustó”, reclamó Sofía. El audio sigue donde Sidney le contesta a la víctima que algunas “no les gusta de esa manera”. La encargada en lugar de castigarlo con alguna sanción sólo le dijo que evitara a Sofía y que con “las demás compañeras no hay problema”. Al contrario, lo premia invitándole: “¿gusta tomar algo amargo para que se le baje el coraje del regaño que le acabo de dar?”. El cinismo de Sidney es enorme hasta el final. Al ver que no creen en su testimonio, Sofía se dirigió con Luis, secretario de la contadora del hospital, para contarle lo que había sufrido y le mandó el audio donde en lugar de protegerla, le dan el lado al agresor. Pensó que iban a darle solución, pero todo empeoró porque llegó a oídos de la encargada Leydi y enojada dijo que ya se había arreglado el “malentendido”. “Si ponemos una demanda por lo que hiciste la perjudicada vas a ser tú”, dijo la encargada en tono de amenaza. Intimidaron a Sofía, mientras al acosador no lo tocaban ni con un pétalo de rosa. El 4 de febrero en forma de venganza Leydi citó a los 77 trabajadores de limpieza del turno matutino, vespertino y nocturno para socializar la información de que un audio estaba circulando y al parecer “se trata de la misma compañera que malinterpretó el acoso”. Le dio indicaciones a Sofía de cómo debe ser en la limpieza, sin hablar del acoso sexual que había padecido. Torció los hechos y ocultó la verdad para denigrar a la víctima. Agregó a los asistentes de la reunión que si quería podía poner una denuncia y darla de baja. La mayoría gritó “que la corran, porque así no sirve”. La mamá de Sofía, DAD, le reclamó a Leydi porque generó un ambiente adverso para su hija, con un trato desquiciante en su contra, revictimizándola al máximo. La supervisora Yolanda de la empresa de limpieza LAMAP S.A de C.V. contratada por el IMSS guardó silencio. Nadie de la empresa la ayudó. Luis que es trabajador del hospital no hizo mucho. La mamá se organizó con otras mujeres para ir a visitar al director del hospital, pero Luis no las dejó con el argumento de que no le corresponde resolver los problemas de acoso en las instalaciones del nosocomio. Sin embargo, recurrieron de inmediato a la empresa de Chilpancingo para realizar una reunión el 9 de febrero, donde dejaron fuera a doña DAD porque supuestamente no había nadie en lavandería. La supervisora de la empresa Lamap, Yolanda, le dijo que la dio de baja “por andar alzando la voz por mi hija”, y al día siguiente colocaron en su lugar al acosador. El director del hospital las dejó a su suerte. La empresa les dio la espalda. A costa de la imagen del hospital no sólo fue despedida DAD, sino también su hija Sofía. “Lo único que reclamaba era el acoso que había sufrido mi hija. Lo que le hicieron a mi hija fue muy grave y por eso como madre tengo que defenderla alzando la voz porque es injusto”. Mariela fue la primera que supo del acoso que había sufrido Sofía. Cuatro días después Sidney había mandado mensaje por whatsapp al grupo si querían material. “Yo contesté que sí quería, pero nunca llegó. Agarré una botella de litro para el hipoclorito, toqué la oficina y no me abrió. El compañero estaba dormido, acostado en el piso. Empecé a grabar un video y fotos para acusarlo con la encargada de que el acosador tenía aliento alcohólico. No me escuchó, estaba profundamente dormido, crudo o desvelado”. Hubo una testigo más que observó. Las fotos y videos se las mandó a la supervisora Yolanda, pero luego le preguntó si era el mismo que tuvo el incidente con la compañera hace días. “Le dije que no fue un incidente, fue acoso sexual que debieron haber actuado desde ese momento y no han hecho nada. Es injusto. El compañero se duerme en horarios de trabajo, pero no hay ni una llamada de atención. Tiene privilegios porque cuando nosotros ponemos un vaso o un plato en el estante nos regañan”. La supervisora le dijo a Mariela que no dijera nada de lo que vio. “Si se llega a saber te van a despedir. Mejor póngase a trabajar y no diga nada. En la tarde me sacaron del grupo de whatsapp sólo porque quise hacer presión para que no quedara sin solución el acoso que padeció Sofía y también para reportar al acosador. Nos dieron de baja a cuatro. A mí me despidieron el 15 de febrero. Quizá porque íbamos a cumplir un año y los dueños de la empresa no quieren que hagamos antigüedad. Las prestaciones son un sueño. Lo que queremos decir es que son despidos injustificados”. En el hospital de Tlapa a los acosadores se les protege, mientras que a las víctimas no solo las revictimizan, sino que las despiden como a Sofía. El director del hospital no quiso responsabilizarse dejando todo a la empresa que las desechó. Pareciera que los derechos de las mujeres no importan, no valen. A pesar de un gobierno de la cuarta transformación, los vicios permanecen en las instituciones. Share This Previous ArticleBOLETÍN DE PRENSA | Carrizalillo acuerda el ingreso de Equinox Gold con la condición de remediar el medioambiente No Newer Articles 1 día ago