Desaparición Huixtlatzala, pueblo de desaparecidos y desplazados En el segundo día de la jornada de búsqueda del colectivo Luciérnaga, familiares de personas desaparecidas acudieron a la comunidad me’phaa de Huixtlatzala, municipio de Zapotitlán Tablas, Guerrero, este miércoles 24 de febrero de 2026. El espantoso abandono de las casas coincide con las 150 familias desplazadas por la violencia delincuencial. Con el frío de la mañana, cerca de las 9:30 horas llegaron a la cabecera municipal. La Fiscalía acudió al ayuntamiento para informar al presidente municipal que subirían a Huixtlatzala y les facilitara el permiso por parte del comisario municipal; sin embargo, se encontraba en el desfile por el día de la bandera. En su lugar, policías municipales los recibieron y advirtieron que ni ellos subían a la comunidad porque “no es fácil entrar” por cuestiones de seguridad. Durante más de dos horas las familias se mostraron inconformes diciendo “no venimos a pedir permiso, eso debieron haber hecho desde antes para llegar y buscar a nuestros familiares”. El argumento de la Fiscalía fue que las familias ya conocen el lugar y tendrían que avisarles para hacer los oficios. La espera se hacía larga dilucidando cómo se haría la actividad. A las 12 del día emprendieron la marcha hacia la comunidad. Una patrulla de la policía municipal se unió a la caravana. En el camino se respiraba tensión por el contexto de violencia que azota al municipio. En la localidad se han registrado balaceras y múltiples asesinatos. En la entrada de Huixtlatzala los vehículos se detuvieron ante una reja cerrada. Supuestos policías comunitarios ya los esperaban y se negaron a abrirles el camino. Después de unos minutos de intercambio de palabras entre familiares y pobladores, llegó el comisario municipal. El ambiente se tornó más tenso. La discusión fue diplomática y con mensajes fuertes. Las familias explicaban que sólo querían entrar a la comunidad a buscar a sus seres queridos y pegar algunas fichas. Por su parte, el grupo de pobladores aceptaron el paso bajo sus términos, que incluían tener la cara descubierta, “hacer lo que vienen a hacer, vienen a trabajar y pegar fichas”, y en todo momento permanecerían acompañados por sus policías. El rojizo amarillo de las hojas de los encinos y las hojarascas secas en la tierra dejan un ambiente de desolación. El silencio es más grande que las montañas, pero más cruel cuando se observan las primeras casas destruidas por la violencia como tornados que dejan a su paso solo el polvo. Habían estado habitadas hace unos años, pero ahora solo permanece una pared, se resiste a caer. Las calles estaban vacías. Algunos perros permanecían en las sombras de los árboles sin soltar ningún ladrido. El comisario Juvenal guiaba la caravana de búsqueda hacia la zona donde se haría el recorrido. Caminando descendieron por una brecha que daba a una pequeña “laguna” donde desemboca el drenaje. Bajo la sombra de un encino las buscadoras y buscadores acordaron la manera en que se haría un barrido de alrededor de un kilómetro. Buscaban cualquier indicio, tierra removida, hundimientos y piedras. Lo único que se encontró fueron unos carros desvalijados y uno con signos de incineración. No hubo nada, sólo huesos de animales. Al regresar se tenía planeado descartar un lugar con carrizos, sin embargo, el comisario se negó con el argumento de que era propiedad privada. “No puedo darles permiso porque al final me voy a meter en problemas, si quieren, vayan a preguntarle al dueño del terreno, pero sólo les digo que se fue a trabajar al campo”, dijo el comisario. Los ministerios públicos tocaron la puerta en una casa de adobe, pero nadie salió. La casa parecía abandonada. La huerta de café sin los cuidados y sin el ruido de los animales domésticos. La Comisión de Búsqueda tuvo que seguir. El comisario exaltado y molesto les dijo a las buscadoras que, si iban a pegar las fichas, lo hicieran en ese momento. En cada poste pegaron de una o dos fotografías de desaparecidas y desaparecidos hasta que se llegó al preescolar. Otro punto se ubicaba entre bambús, donde se dirigieron con la esperanza de recorrerlo, pero el comisario nuevamente no lo permitió con las mismas razones del punto anterior. La personal de la Comisión Nacional de Búsqueda intercambió palabras con las autoridades de la comunidad, pero resultaron infructuosas. La negación fue tajante. En el camposanto se tenía la expectativa de recorrer un kilómetro o más, pero pasó lo mismo. “Pueden revisar el camposanto, y tampoco tengo problemas que busquen en el cerro, pero en tierras particulares que están alambradas no puedo hacer nada”. A la caravana de búsqueda no le quedó otra alternativa que suspender sus actividades porque las autoridades comunitarias se mostraron reacias, como si ocultaran la verdad. Participaron en la jornada integrantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, la Fiscalía General del estado de Guerrero, la Comisión Estatal de Búsqueda, una representante de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, policías estatales, ministeriales, guardia nacional y la Comisión Nacional de Búsqueda y el ejército que se unieron en el municipio de Zapotitlán Tablas. Share This Previous ArticleFamiliares de desaparecidos pegan fichas de búsqueda en Tlapa No Newer Articles 1 hora ago