No olvidemos a quienes desde la infancia cargan el pesado yugo de la discriminación. Su vida al ras de la tierra, pasa desapercibida por nuestra vista.

OPINIÓN | Mujeres indígenas, entre la desesperanza y la resistencia

Mujeres indígenas, entre la desesperanza y la resistencia

Yolotzin Pacheco / Psicóloga, colaboradora del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan

 

El 08 de marzo se conmemora en el mundo, desde hace más de cien años, el Día Internacional de la Mujer. Esta día pero de 1908, 129 mujeres se reunieron en la fábrica textil Cotton de Nueva York para declararse en huelga, exigían un salario igual al de los hombres porque realizaban las mismas actividades, también una mejora en las condiciones laborales, aunque el desenlace fue un incendio que se atribuyó al dueño de la fábrica como una respuesta a la huelga.

Hoy en día, la lucha de las mujeres continúa encaminada a ser reconocidas como sujetos de derechos y erradicar la violencia de género que aún no termina. Es importante reflexionar todo aquello que se ha logrado; un día para reconocer a todas las mujeres que nos antecedieron y gracias a una lucha constante han permitido el acceso a derechos fundamentales para la mujer. No obstante, la lucha continua para aquellas mujeres indígenas, mujeres violentadas con falta de acceso a la justicia, encontrándose en situaciones de pobreza y marginación, cuyos recursos o redes de apoyo son escasos o nulos. Víctimas directas o indirectas que se encuentran en un contexto de violencia, que son revictimizadas en la búsqueda de justicia para ellas, se enfrentan a instituciones que son indiferentes a la atención de sus demandas, autoridades que no cuentan con una formación en perspectiva de género, con acciones que lejos de ayudarlas terminan culpabilizándolas, haciéndoles creer que ellas son responsables de lo que les pasó, deslindando la responsabilidad de sus agresores, muchos de ellos son exonerados de sus delitos y las víctimas viven con el temor latente porque peligra su vida y la de sus seres queridos. Es por ello que las mujeres de la Montaña se enfrentan incluso hasta tres tipos de discriminación: por su género, por hablar una lengua indígena y por la pobreza, una condición de clase social concreta. Si volteamos a ver otras partes de nuestro país, podemos darnos cuenta que la situación no dista mucha de la realidad en la que vivimos en la Montaña, los índices de feminicidios, violencia física, violencia sexual siguen incrementando y lo más lamentable es la falta de políticas públicas para atender y sancionar este tipo de delitos, en un país donde diariamente 10 mujeres son asesinadas.

Se habla de estadísticas alarmantes, pero es importante hablar también de las secuelas psicológicas, aquello que resulta de la violencia que vivieron, que permanece y genera dolor físico, emocional tales como el aislamiento, sentimientos recurrentes de culpa, indefensión y desesperanza. Reviven intensamente las agresiones sufridas en forma de imágenes y recuerdos constantes, algunas incluso pueden desarrollar trastornos depresivos, de ansiedad generalizada o trastorno de estrés postraumático. Se visualizan a sí mismas como personas rotas, desde aquel suceso que marcó su vida. Es lamentable que muy pocas de las víctimas reciban apoyo psicológico que ayude a tratar estas secuelas, que les brinde un espacio para ser escuchadas y que mediante las palabras puedan sanar de eso que permanece en silencio y en las sombras.

Seguimos en pie de lucha porque sigue existiendo acoso callejero, laboral, cibernético, etcétera, porque los derechos laborales, de acceso a una vida digna, de salud, sexuales y reproductivos, aun no existen para todas, sobre todo, en el contexto de pandemia en que nos encontramos actualmente. Para muchas mujeres quedarse en casa significó la pérdida parcial o total de los ingresos. A eso se suma que, mientras la actividad mermaba afuera de las casas, adentro aumentaba la carga de las tareas domésticas y de cuidados, que más que nunca recayeron de manera desproporcionada sobre las mujeres. Con las puertas cerradas también aumentó el riesgo para las mujeres que vivían situaciones de violencia por parte de parejas o familiares convivientes.

El Día Internacional de la Mujer es una oportunidad al camino que nos falta y sobre todo para reconocer que no necesitamos una felicitación en este día, o recibir flores y chocolates. Necesitamos que se garanticen nuestros derechos, condiciones de igualdad y equidad. Las mujeres del mundo desean y merecen un futuro igualitario sin estigma, estereotipos ni violencia; un futuro que sea sostenible, pacífico, con igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas.

 #NiunaMenos #NiunaMás

Salir de la versión móvil