Marco Antonio Suástegui Tiempos dolorosos e impostergables Todo nuestro apoyo a Sergio Ocampo Arista. Nuestra solidaridad y reconocimiento al trabajo profesional de la compañera Jessica Torres. Nuestro aprecio al valioso trabajo del padre Filiberto, su desplazamiento forzado devela las condiciones adversas para defender los derechos humanos en Guerrero. Loas para el camarada y luchador social Saúl Morán, de la Ciénega, municipio de Malinaltepec. En memoria de Vicente Estrada Vega, enlace principal entre la guerrilla de Lucio Cabañas y la base de apoyo en las ciudades. A nueve meses del infame asesinato del defensor del territorio Marco Antonio Suátegui Muñoz, las investigaciones siguen estancadas a pesar de la información y los datos de prueba que se han proporcionado a la Fiscalía. Hay serios indicios de la ubicación y detención del agresor material, pero las maniobras truculentas que se manejan dentro de la Fiscalía ocultaron su detención y lo dejaron en libertad. El patrón de impunidad se mantiene intacto en una institución que se resiste a proporcionar información veraz a las víctimas y cuyas actuaciones van en detrimento del Estado de derecho y la negación de la justicia a las familias agraviadas. Es común que en nuestro estado los crímenes cometidos contra defensoras y defensores no se investiguen y mucho menos que se judicialicen. Dejan que la violencia trunque de tajo cualquier esfuerzo por mantener vivo el movimiento que impulsó Marco Antonio, por el contrario, genera un efecto devastador porque desarticula y debilita al Cecop, la gente se muestra temerosa de volver a reactivar la lucha ante la violencia que impera en la región. Es común que los delincuentes no sean perseguidos ni investigados, más bien son los que gozan de protección porque se vuelven necesarios en esta cadena de la industria criminal. La Fiscalía no tiene mayores avances en la investigación, más bien, ha dejado el caso de Marco Antonio como un expediente rezagado. Para los ministerios públicos se trata de un asesinato más entre tantos hechos violentos que suceden diariamente. Es irrelevante la trayectoria de Marco Antonio como defensor del territorio y nada les dice que haya tenido medidas cautelares de la Comisión Interamericana por la desaparición de su hermano Vicente Suástegui. El grito de “la tierra no se vende, se ama y se defiende” se convirtió en “la arena es de quien la trabaja”. Sin embargo, las batallas por la limpieza de las playas y contra los grandes empresarios, se tornaron en una amenaza para los empresarios gravilleros que extraen la arena y la grava del río Papagayo de manera irregular. Para mantener sus intereses intocados se han aliado con la delincuencia que ha tomado el control de las comunidades rurales cobrando cuota y ajustando cuentas con los que se resisten. Son las comunidades pobres del Acapulco olvidado las que junto con su familia honran la memoria de Marco Antonio. En medio de tantas afectaciones a sus tierras y viviendas por los huracanes, las familias se sobreponen a las amenazas y riesgos que corren. Resisten y se mantienen firmes en el Cecop. Continúan con sus asambleas dominicales para que no decaiga el ánimo. El espíritu de Marco Antonio siempre está presente. Persiste entre la gente mucho enojo y reclamo porque no fueron tomadas en cuenta las comunidades damnificadas, quedaron fuera de los censos y no recibieron los apoyos económicos para reparar sus techos ni rehabilitar sus terrenos y huertas. Con sus manos y sus precarios recursos se han levantado. Marco Antonio dio la pelea para que los censaran y buscó opciones con fundaciones y organizaciones solidarias que atendieron sus demandas básicas. Con ellas siguen trabajando para rehabilitar sus viviendas, para sanear el agua que consumen, construir letrinas, recuperar sus parcelas y sus huertas. A pesar de que Marco Antonio ya no está continúa la mística del trabajo comunitario, el cooperativismo y la ayuda mutua. Afortunadamente la solidaridad continúa impulsando proyectos y motivando a las familias que perdieron todo. Como Cecop luchan contra los que quieren repetir la historia del colonizador de imponer proyectos extractivos sin consultarlos, de alentar la división interna para minar su resistencia y utilizar a los empresarios y a los grupos delictivos para socavar la organización comunitaria. Con Marco Antonio al frente aprendieron a defenderse contra los depredadores y usureros, a alzar la voz y desenfundar el machete para defender los bienes comunes. Por eso su batalla está en dos frentes: defender su territorio y exigir justicia por su líder Marco Antonio. Entre la población hay fundados temores de que en la Fiscalía pesan más los intereses económicos de los grupos que delinquen y que por lo mismo haya encubrimiento y complicidad para no dar con los responsables. No hay una pizca de voluntad para garantizar justicia a las víctimas y combatir frontalmente el flagelo de la impunidad. Dejar en el olvido el asesinato de Marco Antonio es apostarle a que la violencia nos arrastre como las olas del mar, es ahogar cualquier esfuerzo de las familias que depositaron su confianza en los ministerios públicos y entregaron pruebas que desecharon o que fueron borradas. No hay transparencia en su actuar y más bien infunden temor y animadversión. Tampoco funcionan los órganos internos que vigilen la actuación de los agentes que realizan las investigaciones. Esta inacción deja entrever la red delincuencial que se teje al interior de la Fiscalía General. En este clima de violencia que impera en el estado no hay visos de que en el gobierno de Evelyn Salgado se logre dilucidar el móvil del asesinato de un gran defensor, mucho menos que se detenga a los responsables materiales e intelectuales. No hay acciones contundentes que reviertan esta espiral de violencia, que resquebraje este andamiaje delincuencial que se robustece con la inacción de los operadores de justicia del estado. En el inicio del presente año persiste la inercia burocrática, los vicios añejos de archivar los casos que nadie reclama, de pisotear la memoria de un defensor cuyo asesinato agrava la penalidad de los responsables porque truncaron procesos de reivindicación de derechos, destruyeron proyectos de desarrollo comunitario y cortaron de tajo la organización comunitaria, en aras de mejorar las condiciones de vida de comunidades abandonadas y empobrecidas. Marco Antonio condensó los sueños de comunidades rurales que luchan por dignificar su vida. Asesinaron no solo a un defensor, sino que cortaron los vasos comunicantes de su lucha, desfondaron los esfuerzos colectivos para mejorar el hábitat y colocaron en el desfiladero de la muerte a su familia que se vio obligada a desplazarse para ponerse a salvo. Para la Fiscalía, estos agravios no son relevantes para impulsar las investigaciones y ejecutar las órdenes de aprehensión. En esta misma fecha dolorosa las madres y padres de los 43 normalistas desaparecidos cumplen 136 meses en una lucha sin cuartel, pagando altos costos de vidas humanas y soportando graves daños a su salud física y mental. Como los grandes robles han resistido todo: mentiras, escarnio, vituperios, maltratos, reuniones infructuosas, búsquedas fallidas, negativas para acceder a expedientes militares, acciones malévolas para dividirlos, desgastes económicos y emocionales, procesos penales engorrosos y sin resultados, nulo apoyo en su propuesta del retorno del GIEI. En medio de tantas tormentas se mantienen firmes, lúcidos y con mucha esperanza. Como madres no dejamos de aprender. No hay una palabra exacta para decir lo que sentimos en el corazón porque no sabemos cómo explicarlo. Llevamos un dolor inmenso porque nuestros hijos no están con nosotros. Eso duele mucho, pero nos hacemos fuertes, caminamos como si nada nos pasara. Antes se me llenaba de lágrimas mi rostro por ese dolor tan intenso. Ahora no puedo decir que no me duele, aprendí a poner una barrera. Nos ponemos firmes, nos hacemos más duras por todo lo que estamos viviendo, por no tener los avances en la investigación. Solo así podemos soportar todo lo que nos pasa. Cuando me viene el pensamiento de dónde están los muchachos, siempre me imagino que mi hijo llegará a la escuela o a mi casa. Me ilusiono que toca la puerta. Es la fe que tengo, por eso le pido a Dios que nos ayude a encontrar a nuestros hijos, que estén bien y que pronto sepamos de ellos. Me preguntó siempre ¿por qué esa necedad de los gobernantes de no querer abrir el camino para que vengan los expertos y nos ayuden a encontrar a nuestros hijos? En los 11 años solo con los del GIEI hemos tenido avances. Con los gobiernos hemos tenido más mentiras hasta la fecha. Necesitamos salud para poder continuar. Pienso en las madres y padres que se quedaron en el camino y que nunca supieron de sus hijos. Nosotras vamos a seguir luchando por sus hijos, aunque nos estén matando en vida. Si la presidenta Claudia Sheinbaum tuviera voluntad de llegar a la verdad, no pondría tantos pretextos ni obstáculos. En las reuniones siempre hablamos de los mismos puntos: los 800 folios, las líneas telefónicas, las extradiciones. No se ha avanzado en nada. Nos dice que ya mandó cartas, pero no nos ha demostrado nada. Maneja el tiempo diciendo que están trabajando, pero nos mantiene en lo mismo. Ya regresaron con lo del basurero, que ya fueron a las funerarias y que han agarrado a personas que no sabemos si tienen que ver con la desaparición de nuestros hijos. No nos han favorecido sus supuestos avances. La presidenta dizque trata de escuchar, pero quiere que se haga a su modo, y no se puede avanzar, seguimos estancados. La exigencia ahora es que vengan los expertos porque a más de un año no se tiene nada. Los fiscales tampoco nos han ayudado, no nos han favorecido. Se necesita que vengan los expertos para que puedan avanzar en las investigaciones, para que se pueda saber de los 800 folios. La presidenta dice que está usando una nueva metodología, pero no vemos nada nuevo, nada más le cambiaron los nombres, pero es lo mismo. Estamos como en un túnel. Esperemos que en la reunión de febrero haya algo más concreto, ya no podemos esperar más fechas, todas sabemos que el tiempo no se detiene y nos va llevando una por una. No queremos que la presidenta nos vaya a salir con que los expertos no quieren venir. Ellos sí quieren, pero necesitan dejarlos trabajar. La presidenta no se presta mucho para que sigamos caminando, por eso es necesario que vengan los expertos, para que nosotras como madres y padres sigamos adelante. Siempre nos informan de las detenciones, de los puntos de búsqueda, de las diligencias, de las llamadas en la noche del 26, pero no hay una noticia que nos dé un alivio, que nos diga dónde están nuestros hijos. Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan Share This Previous ArticleVacíos y mentiras de la Fiscalía con las familias de desaparecidos en Guerrero No Newer Articles 3 horas ago