El legado que nos dejó Ana Paula: vivir con pasión la defensa de los derechos humanos

 

Desde la Montaña de Guerrero, donde Ana Paula vivió y conoció las gestas históricas de los pueblos indígenas, lloramos su ausencia. Nos quedamos con lo mejor de su legado: vivir con pasión la defensa de los derechos humanos. Siempre nos inspiró su tenacidad y entrega por esta causa. Entendió desde lo más recóndito de la Montaña, las razones profundas por las que los pueblos están dispuestos a pelear para nunca permitir que mancillen su territorio sagrado. Ella fue portavoz y una aliada incondicional de estas luchas. Se fundió en el corazón de las defensoras y defensores que están en la línea de fuego, para contener la embestida del poder delincuencial.

Como amiga y compañera entrañable vivirá en el corazón de nuestras luchas. Forma parte de esa sabiduría encantadora de las mujeres y hombres, que siempre encuentran la luz en medio de las tinieblas. Ana Paula, tu espacio en Tlachi ha dejado una huella indeleble de tu gran contribución en la consolidación de un proyecto, donde nos ayudaste a sembrar la justicia.