NOTA INFORMATIVA | Del 68 al 43

 

Tlapa de Comonfort, Guerrero, a 02 de octubre de 2019. Estudiantes de la Escuela Preparatoria 11 de la Universidad Autónoma de Guerrero, vestidos de negro como símbolo de luto a los caídos en Tlatelolco, marcharon por la calle principal de la ciudad en conmemoración a la masacre del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las tres culturas, en la ciudad de México.

La marcha partió aproximadamente a las 6 de la tarde de las instalaciones de la Preparatoria 11 rumbo al zócalo, frente al Ayuntamiento Municipal, donde se realizó un mitin denunciando la masacre del 2 de octubre como “crimen de lesa humanidad”.

Una de las estudiantes arengó que “con el paso de las décadas a pesar de la agresión militar, signo de lo que no se puede derrotar por la vía política, no podrán borrar -aunque quieran- el movimiento del 68 porque es vida y la vida florece. El movimiento estudiantil está presente en esta tarde, como la de hace 51 años. Somos jóvenes que estamos aquí para recordar que no seremos pasivos. ¡2 de octubre no se olvida!, ¡Atenco, Aguas Blancas, Tlatlaya y 43! Los queremos vivos. Sigamos abriendo conciencias, despertando y no dejándonos. Es por México y es por todos. ¡Viva el movimiento estudiantil!, ¡viva Tlatelolco!, ¡viva la prepa 11!”

Otra joven se plantó para decir: “nuestro turno ha llegado. Tenemos la libertad de expresarnos, más, cuando tenemos un presidente que se preocupa por la sociedad y por nuestra educación. Somos convocados este día por los hechos de Tlatelolco y tenemos la necesidad de decir que queremos que las autoridades nos escuchen como estudiantes, queremos que sepan que para nosotros se acabó el tormento, ahora estamos tomados de la mano con las libertades del siglo XXI”.

Las mantas colocadas sobre los muros del ayuntamiento fueron muy significativas: “somos hijos de la revolución, nietos del 68 y hermanos de los 43”; “2 de octubre no se olvida, es de lucha combativa”; “2 de octubre no perdonamos, no olvidamos”; en los carteles rezaban: “el silencio es repudio a la represión”; “más vale vivir de pie que vivir de rodillas”; “maldito aquel que apunte su arma al pueblo”.

El 2 de octubre, representa un movimiento estudiantil que esencialmente puso en jaque el estado de cosas y cuestionó el régimen presidencialista ante la escandalosa desigualdad social. Se vivía una situación económica, social y política sumamente crítica, por la cerrazón de los grupos de poder que privilegiaban el uso de la mano dura. El desarrollo económico no podía comprenderse sin lo político, es decir, no sólo era “un proceso de crecimiento de productos, de distribución, de aumentos de niveles de vida, sino de una respuesta política”. El análisis de las condiciones sociales y políticas en la que se encontraba el país se puede avizorar con la obra de Pablo González Casanova, en La democracia en México, en la que se plantea tres grandes preguntas. “¿En que forma las estructuras del poder de un país como México condiciona o limita las decisiones en materia de desarrollo económico, o deriva en decisiones que corresponden a medidas de simple crecimiento económico? ¿Hasta que punto es posible modificar la estructura del poder para lograr el desarrollo económico? En términos de democracia, ¿hasta qué punto el tipo de democracia que hay en México condiciona o limita el desarrollo económico, y hasta qué punto podemos alcanzar una democracia que logre el desarrollo?” Sin duda estaba despegando el modelo de la economía-mundo y en la cual los Estados-Nación aparecían como naciones satélites, sin política propia ante las economías mundiales.

Hacemos la cita de Pablo González Casanova no sólo para decir que hay parte de vigencia en el problema planteado por él en La democracia en México, sino para entender los planteamientos del movimiento estudiantil de 1968. Hasta estos momentos nada a cambiado. Existen actualmente familias en las comunidades Me’phaa de Acatepec, Guerrero, que padecen el flagelo de la pobreza. Carecen de lo más elemental; no tienen acceso a la salud,  a la educación y a una vivienda digna. Muchos niños y niñas nacen con desnutrición severa, sin que las autoridades garanticen el derecho a la alimentación adecuada y suficiente. Las familias sobreviven con 100 pesos a la semana, si bien les va. Muchas están condenadas a vivir en la hambruna. Las violencias propiciadas por el estado y el crimen organizado ha elevado el número de personas asesinadas. En Guerrero se tiene un registro hemerográfico de 6 personas que son privadas de la vida, diariamente. Este clima de violencia trae aparejado el grave problema de la desaparición de personas, feminicidios y desplazamientos forzados de familias.

El movimiento del 68 luchó a brazo partido, y muchos jóvenes perdieron la vida por soñar con una sociedad democrática y justa.  El hartazgo social se expresaba en las calles con rostros de jóvenes que mostraban indignación y deseos de transformación. Era la “lucha de contrarios”, la lucha de clases en México, donde los ricos se apoderaban del patrimonio de los pobres. En ese mismo año se celebraban las Olimpiadas y el gobierno quería mostrar una imagen pacífica al mundo. Por lo mismo, se empeñaba en que  no hubiera marchas, ni manifestaciones de inconformidad social. Sin embargo,  el movimiento de los estudiantes adquirió mucha fuerza y presencia, logró articularse con las organizaciones campesinas, las amas de casa y los intelectuales. Esta protesta no podía pasar desapercibida ante los medios de comunicación que cubrían las Olimpiadas. La visión miope del gobierno  fue utilizar la fuerza para contener la protesta social. Esta escalada de violencia culminó con la masacre del 2 de octubre de 1968.

Se han escrito libros, un sinnúmero de reportajes, documentales, canciones, incluso se ha escrito en los libros escolares del la Secretaria de Educación Pública,  esta fecha memorable, sin embargo para el pueblo no ha existido justicia, mucho menos  se han esclarecido los hechos ni se ha castigado a los responsables. Lo que sucedió hace 5 años, con la desaparición de los 43 normalistas es una reedición de la violencia del estado contra los estudiantes que luchan por sus derechos. Ambos acontecimientos, nos muestran las practicas funestas de un régimen autoritario que asesina y desaparece a estudiantes. Estas graves violaciones a los derechos humanos, se mantienen en la impunidad, las altas esferas del poder, continúan encubriendo a los perpetradores. Sigue intacto el pacto de impunidad donde ya no existe una línea divisoria entre los agentes del estado y las organizaciones criminales. Estos hechos deleznables son los grandes pendientes con la historia y el pueblo de México.

El gran desafío es construir nuevos paradigmas centrados en el respeto a la dignidad humana y a los derechos humanos. La voz de los ciudadanos y ciudadanas de a pie, tiene que escucharse en los recintos legislativos y en los palacios donde se toman decisiones. Los pueblos cuentan con una sabiduría milenaria y nos han enseñado  a lo largo de los siglos que la verdadera democracia se construye desde abajo, en las comunidades donde se respetan los derechos de todos y todas para garantizar la igualdad y la justicia. Que los hechos del 68 y la desaparición de los 43 normalistas nunca más se repitan.

 

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!