OPINIÓN | Guerrero en llamas

Guerrero en llamas

A las ciudadanas y ciudadanos de Guerrero no solo nos sofoca el humo por la multiplicidad de incendios que destruyen miles de hectáreas en la Sierra y la Montaña, sobre todo nos asfixia y nos atormenta el fuego de la violencia que se expande en los 81 municipios del estado. El tableteo y la pólvora de los cuernos de chivo están socavando la precaria vida de las comunidades rurales que sobreviven de las actividades agrícolas.

Se incendian los cerros para la preparación del tlacolol pero también para ampliar la superficie  de la amapola. Se incendian los mercados populares, como sucedió en Coyuca de Benitez y ahora en Acapulco, para aterrorizar a los pequeños comerciantes que se resisten a dejar sus locales o que no les alcanza el dinero para dar la cuota a la maña que controla la plaza. Se incendian llantas para obstruir la vialidad en las carreteras por parte de la población que se siente amenazada, tanto por las corporaciones policiales y el ejército, como por las organizaciones criminales. Se queman cuerpos de jóvenes que son arrojados en las vías públicas para demostrar el poder diabólico de sus detractores. El mismo gobierno federal se ha encargado de armar su verdad histórica, apilando expedientes para argumentar que los 43 estudiantes de Ayotzinapa fueron quemados en el basurero de Cocula.

Es el fuego atizado por un gobierno corrupto que se ha coludido con las organizaciones delincuenciales quienes están destruyendo la vida de las y los guerrerenses. Es el fuego cruzado de las balas asesinas las que están marcando el destino funesto de una juventud iletrada. Las llamas que nos acechan por todos los frentes llevan la marca de las organizaciones criminales que se han erigido como un poder real que tienen el control territorial. Los que atizan la lumbre son los grupos del poder local y estatal que trabajan mancomunadamente con las organizaciones criminales. Su objetivo es destruir a sus enemigos con la mayor crueldad posible. El espectáculo de la violencia es para aterrorizar a la población y montar un escenario apocalíptico para suplantar al poder formal y asumirse los amos y señores de los negocios ilícitos.

Los actores armados, estatales y no estatales, son los que le prenden fuego a todo lo que encuentran a su paso. Los une un solo objetivo: destruir la vida y cegar el futuro de las nuevas generaciones. Matar, desmembrar cuerpos, degollarlos, quemarlos y enterrarlos en fosas clandestinas son expresiones del envilecimiento de la vida pública y la ruindad de un gobierno que traicionó al pueblo y prostituyó la política. Los temas en la opinión pública son los asesinatos, las desapariciones, los secuestros las extorsiones y los enfrentamientos armados. Con sangre se escribe nuestra historia y con sangre se marcan los rastros de las familias que luchan contra las fuerzas del mal. Se cavan tumbas para ocultar las atrocidades, para enterrar la verdad y para encubrir a los perpetradores. Las madres y padres de los 43, con su físico enfrentan a un gobierno insolente que sin pruebas científicas sostiene que sus hijos fueron calcinados.

Guerrero es la tierra que arde, la tierra caliente que se disputa con fuego para hacerse del control de la amapola, para pelear las migajas del negocio más próspero de la economía criminal a nivel global. Es la guerra por el control de los corredores de la droga que desembocan en los centros turísticos y en las capitales de los estados circunvecinos. Es la pelea a muerte por el trasiego de la heroína que surcan tierra, cielo y mar para llegar a los santuarios del poder criminal en la Union Americana. La siembra de la amapola ha desencadenado una guerra fratricida en uno de los estados más combativos y resistentes, que han contribuido con su sangre a abolir la esclavitud y luchar la explotación del pobre y la desigualdad social.

El legado del Siervo de la Nación, José María Morelos, de los grandes insurgentes de la Guerra de Independencia, los gobiernos los han momificado y utilizado para justificar sus atrocidades. El cacicazgo sigue siendo la expresión más acabada de un Sistema político caduco, que tienen en los partidos a una nomenclatura que trabaja al estilo de las mafias.

Son los rojos, los tequileros, los armadillos, la familia michoacana, los jefes, los granados entre otros, los nuevos personajes que ejercen el poder de facto y que han puesto en jaque al estado. Son los que han impuesto su ley, los que ejercen su propio gobierno, los que cobran el derecho de piso, los que tienen su ejército; cuenta con un arsenal de armas; equipos de comunicación sofisticados, fortunas y multiplicidad de giros comerciales lícitos e ilícitos. Su riqueza mal habida les permite codearse con las elites para formar parte de las castas intocables. La delincuencia organizada es la contraoferta de la legalidad, del respeto a la vida, de la construcción de la paz; la protección de los derechos de las personas y del respeto al estado de derecho. Son corrupción, cooptación, criminalidad, destrucción y muerte. Los que llevan la delantera en el estado y los que se mantienen seguros en las regiones, sin que ninguna fuerza policial y militar se atreva a tocarlos y derrumbar su poder. Esta situación lo han vivido por varios años los habitantes de san Miguel Totolapan, quienes en esta semana se suscitó un enfrentamiento entre grupos de la delincuencia que provocó que las fuerzas policiales y militares entraran a la cabecera municipal, aventando gases lacrimógenos a la población. El testimonio de los habitantes nos da una pauta de cómo perciben esta acción del gobierno, que en lugar de restablecer el orden los coloca en una situación de mayor riesgo además de sufrir el escarnio del mismo gobierno.

“En San Miguel Totolapan, estamos desconcertados, porque el gobierno nos jugó chueco. Pensamos que al entrar al pueblo iba a ir a la Gavia a detener al Tequilero. Nada pasó. Más bien nos vino a maltratar y agredir. Nos aventó gases lacrimógenos para dispersarnos. Nosotros lo único que queríamos era mantener nuestra guardia para que no se metan a nuestro municipio otros grupos de la delincuencia. Como pueblo ya estamos cansados de tantos males. De secuestros, extorsiones, asesinatos, amenazas. Ya no aguantamos tantos abusos. Se lo hemos dicho al gobierno muchas veces, pero nunca ha hecho nada por nuestras familias. Al contrario vemos que los policías y el ejército protege al que nos hace daño.

El auxilio que pedimos fue contraproducente, porque de nada nos sirvió. Los policías vinieron paro a golpearnos a detenernos. Solo llegaron al centro del pueblo y ya no fueron más adentro de la sierra. Nos dimos cuenta que en verdad vinieron en auxilio del Tequilero, porque el gobierno da a entender que nosotros somos los delincuentes. Que llegaron a poner el orden replegándonos, como si nosotros fuéramos el problema. Ya no habla más del Tequilero, ya no dice más de que sigue el problema de la delincuencia. Ahora somos los de San Miguel Totolapan los narcotraficantes, los causantes de la inseguridad. Se le ha olvidado al gobernador que fue el pueblo el que se organizó y levantó la voz para decir que ya no aceptaríamos más abusos. Por eso nos organizamos y apoyamos a la población formando nuestra guardia. Como no vimos resultados tuvimos que buscar la forma de defendernos. Ahora resulta que por hacer efectiva nuestra defensa el gobierno nos acusa de ser los causantes del desorden. No cabe duda que los verdaderos jefes no son los que gobiernan sino los de la delincuencia, como sucede aquí con el Tequilero. Por eso la gente está enardecida porque ya no es posible tanta burla y tanta complicidad. Nuestro estado arderá en llamas hasta que pare tanta violencia y tanta complicidad con los capos de la delincuencia.

Este infierno de la tierra caliente el mismo gobierno se lo buscó porque fueron ellos los que echaron la gasolina. Permitieron que el Tequilero fueron el amo y señor de la región. Lo dejaron que controlara esta parte de la sierra a sus anchas. Le dieron tanto poder que creyó que también podía mandar matar y secuestrar a la gente del pueblo que no aceptaba su forma de trabajar. Ahora el gobierno está enojado porque no dejamos que su amigo siga trabajando como antes. Por eso celebra de que no hubo bajas, dando entender que hizo un trabajo profesional y pulcro. Más bien esto es muestra de que quienes resistimos para que entrara era la gente del pueblo, las amas de casa, los jóvenes, los ancianos y los padres de familia. No había gente con armas de alto poder, había gente enojada, enardecida, que solo tiene coraje y dignidad para defender nuestra tierra y nuestro patrimonio. Se nos acabó la ilusión de que el gobernador en verdad impusiera el orden. Habrá orden pero por unos cuantos días, mientras están aquí los policías y militares, pero después volverá el mismo infierno y eso al gobierno no le importa, que nos maten y secuestren como antes.

Foto: Sergio Ocampo

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