Opinión Salud para las familias jornaleras En las callejuelas de Cacahuatepec suben y bajan niñas y niños que están a unos días de salir con sus padres a los campos agrícolas de Sinaloa. Algunas familias ya se adelantaron porque la milpa se secó y no tendrán dinero para poner la ofrenda a sus difuntos. Las remesas de los hijos que están Nueva York son las que resuelven en esta temporada de sequía la compra de alimentos. Algunos jóvenes forman parte de las cuatro cuadrillas que trabajan en el camino artesanal, siendo los únicos que tienen ingreso seguro cada fin de semana. El camino rocoso y la dureza del suelo no doblega a los pobladores para sembrar maíz, frijol, calabaza, chile y cacahuate que brotaron con la poca agua que cayó. En la entrada del pueblo una señora mayor llevaba su morral lleno de quelites y sus tres hijos abrazaban un manojo de flores de pericón. En algunos techos de lámina lucían los chiles rojos que tendieron para secar. Las niñas van a las tiendas a comprar refrescos de cola de 2 litros para el almuerzo. En el corredor de la comisaría este domingo 25 se colocaron algunas mesas y sillas que los vecinos prestaron para que doctoras, doctores, dentistas y nutriólogos convocados por Rompeviento TV, en coordinación con la UAM Xochimilco y Tlachinollan atendieran a las familias jornaleras en el marco de la tercera brigada de asistencia médica. Con el compromiso de acompañar a la población que padece múltiples enfermedades desde el sábado 24 los brigadistas atendieron a más de 50 pacientes en la comunidad nahua de Ayotzinapa, municipio de Tlapa. Por la tarde-noche se acudió a la comunidad me pháá de El Tepeyac, municipio de Malinaltepec donde se atendieron 35 personas hasta las 11 de la noche. La brigada médica organizó a las personas para que en orden fueran pasando a los módulos que se instalaron. El primero era para registrar los datos generales del paciente, su ocupación y si son beneficiarios de algún programa federal; en el segundo módulo les tomaban la temperatura, la talla, el nivel de oxígeno y se anotaba si había algo que tomar en cuenta. Posteriormente pasaban a consulta con los médicos: “tratamos de hacerles un diagnóstico en la medida de lo posible y les proporcionamos los medicamentos que tienen que usar”. En el módulo de odontología revisaban si tenían alguna lesión, si la dentadura está completa, para saber cómo es su alimentación y su aseo bucal. En el módulo de nutrición se aborda el tipo de alimentación que tiene la gente, qué es lo que comen, a qué alimentos tienen acceso y a cuáles no, así como el consumo del refresco o del alcohol. También las pesaban, les medían el índice de masa corporal, el porcentaje muscular, el gasto calórico, el agua corporal y el estado nutricional. Les preguntaban si realizan alguna actividad física como caminar o correr. Sus respuestas fueron casi las mismas: el ejercicio es el trabajo del campo. “Terminamos con un diagnóstico más claro de qué es lo que está ocurriendo con la gente de la comunidad, en qué condiciones están y lo que se puede corregir. El diagnóstico es de la persona y de la comunidad”, dijo uno de los médicos. Algunas compañeras de la brigada entregaban el medicamento que indicaba la receta. A través de un inventario registraron los medicamentos que se repartieron en las comunidades y los que se quedaron en la casa del jornalero. El registro consistía en anotar el nombre del medicamento, la cantidad y la fecha de caducidad para calcular el tiempo que puede durar. Algunas compañeras de la Alianza Campo Justo, conformada por Fundar, la Red Nacional de Jornaleras agrícolas, Oxfam-México y Tlachinollan que hemos establecido una relación cercana con las mujeres trabajadoras agrícolas (MTA) les proporcionaban información sobre sus derechos laborales con el fin de impulsar su organización y la exigibilidad de sus derechos. Es un trabajo arduo por la asimetría de poder que persiste en los campos agrícolas que impiden romper con las cadenas de explotación. Uno de los brigadistas atendía con biomagnetismo, manejado por imanes que se quedan pegados al hierro de la sangre. Colocaba los imanes sobre el cuerpo para arreglar su química en diferentes partes del cuerpo. “Con el químico parejito, que no sea ácido ni alcalino, los bichos se van muriendo, las bacterias, los hongos, los parásitos o los virus. Reestablecemos el sistema del cuerpo para que los bichos no puedan vivir ahí. La terapia dura de 20 a 30 minutos”. El brigadista señaló que la técnica fue inventada por el mexicano Isaac Goys. Ignacia valoró mucho la brigada médica porque en la casa de salud el médico viene de lunes a viernes, pero los sábados y domingos no hay servicio. Muchas veces no hay medicinas, sólo “nos hacen las recetas y nosotros tenemos que comprar los medicamentos. En esta temporada los niños se enferman de la gripa y tos. Ahora es muy diferente la atención porque los doctores nos dan gratis las medicinas”. Ignacia tiene que viajar a los campos agrícolas porque en su comunidad no hay oportunidades de trabajo. Recuerda que la primera vez que fue le costó acostumbrarse a las pesadas jornadas, pero después de dos años fue más fácil: “Nos vamos los 8 de la familia, mis pequeños hijos se quedan en la guardería, sólo voy a trabajar con mi esposo y mi hija de 18 años. Cortamos tomate y pepino por tarea, si rendimos terminamos como a las 2 de la tarde con un sueldo de 600 pesos, pero entre los dos llenamos 250 cubetas. Los que no saben cortar hacen menos cubetas”. Hace un tiempo fuimos a un campo en Guadalajara donde obligan a llevar zapatos, si no los llevamos no nos reciben, en cambio en Culiacán, si no tenemos dinero, nos dejan trabajar una semana para que ganemos dinero y así podamos comprarlos. Nos piden los zapatos para proteger nuestros pies de los químicos y de las culebras. Cuando llegamos a los campos nos dan un cuarto con un tanque de gas lleno, y cuando se acaba a los tres meses ya lo pagamos nosotros. La vida es igual de dura en los campos que en el pueblo. En el pueblo podemos sembrar nuestra milpa y un poco de cacahuate para vender, pero tenemos que ir a venderlo a Tlapa porque en la comunidad todos siembran. Antes sembraba tomate, hacía en salsita con chile y cilantro, pero desde hace dos años ya no pude sembrar porque es mucho trabajo. El maíz y el cacahuate lo llevamos a vender al mercado de Tlapa. Mi esposo maneja un taxi en la ruta Cacahuatepec-Tlapa y sacamos otro dinerito para ir comiendo, pero está barato porque hay que echarle gasolina al carro y perdemos dinero cuando no hay pasaje. Lo que les pido a las autoridades es que haya trabajo en el pueblo para que no tengamos que irnos de jornaleros. Nosotros nos vamos el 10 de noviembre a los campos de Sinaloa, a un lado del campo Dorado, a cortar tomate. Marcos Marín de la Cruz es hipertenso. Era el último de la fila. Estaba alegre de que la brigada médica fuera a visitarlos. Me dijeron que tengo la presión alta y que me cuide. Me dijeron que ya no tome refresco porque me hace daño, que mejor tome agua, pero aquí traen a vender más Cocacola que alimento saludable. Las empresas nos tienen muy viciados. Lo malo es que eso nos enferma y aquí casi no hay médico, y cuando hay, no me gusta ir porque siento que no me entienden, porque hablo náhuatl. Ahorita vine porque estos doctores vinieron hace un año y ya me conocen. Fueron hasta mi casa para que me revisaran. También fueron a ver a mi papá de 77 años. Le dieron medicamento para el dolor de rodilla porque se cayó. Hace un año también lo atendieron. Poco a poco va envejeciendo y necesita medicinas para el dolor de cadera, porque se lastimó. Además, es hipertenso como yo. Hace como diez años me dijeron que era hipertenso y que tomara pastillas. No les quería creer, así que no me las tomé. Sin embargo, ahora me volvieron a decir los dotores que sí tengo la presión alta y debo tomarme las pastillas porque es peligroso que ande así. En la comunidad muchos tienen diabetes porque toman mucho refresco. Yo me tomo una coca cuando me siento a descansar, como ya no migro desde hace 8 años. Antes iba a trabajar a Sinaloa al corte de verduras chinas y tomate; a veces sembraba o enredaba la guía de jitomate en Cruz de Elota. Después fui al campo Buen Año al corte de verduras, me pagaban por libra. Lo que cortaba lo pesaban en un cartón, eran como 32 libras, pero tenía que estar lleno. Otros cortan chícharo, es más caro, el cartón también pesa 32 libras y lo pagan de 21 a 22 pesos. Las otras verduras las pagan de 14 a 15 pesos por caja. Lo más barato son las cajas de cilantro y espinacas. Cuando uno es rápido se gana más dinero. Lo bueno de los campos es que hay trabajo y ganamos dinero. Estando allá no hay de otra, porque si no trabajamos no tenemos cómo pagar la renta y la comida, y está muy cara. Y lo bueno de estar en el pueblo es que estamos en nuestra casita, aquí sembramos y comemos maíz, frijol. Pero lo triste es que ahora ya no llueve como antes. En los campos te explotan y cuando no puedes cortar te maltratan los patrones. Este año sembré poco y con la sequía se acabó la milpa, nos vamos a quedar sin comer. Lo más difícil es cómo conseguir trabajo en el pueblo. Tenemos que buscarle para no morir de hambre, porque el gobierno no apoya a los que solo vivimos del campo. Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan Share This Previous ArticleSeñor del Nicho, que los desaparecidxs regresen a casa No Newer Articles 1 hora ago