Desaparición Memoria y corazón por los desaparecidos A las familias buscadoras que han robustecido la espiga de la esperanza y nos han demostrado que su lucha imbatible une los corazones para alcanzar la verdad y la justicia. La desaparición de personas abre grietas en el corazón. Cada día es una tortura interminable y las noches, son de sufrimiento y dolor, pensando en todos los escenarios posibles. La llama de la esperanza es como la brasa que no se apaga. Los recuerdos nos remiten a momentos hermosos, pero también nos llevan a los lugares funestos donde desaparecieron nuestros seres amados. Sus cosas nos cuentan infinidad de historias. Todo termina en lágrimas porque nuestra vida se tritura cada día que pasa. Cada respiro es un suspiro y un relámpago fugaz que ilumina nuestra vida y que nos cimbra en lo más profundo. En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas las madres buscadoras unieron sus voces para hacer visible el dolor y la indignación ante tanta infamia. Pegaron fichas de búsquedas y realizaron diversas actividades para hacer visible su lucha. En todo el país se escuchó el malestar de los familiares por la falta de compromiso de las autoridades para buscar a sus seres queridos. En Guerrero los reclamos fueron contra la Fiscalía General del Estado (FGE) porque no hay avances en las investigaciones. Las búsquedas solo se arrancan con la presión social. La identificación de las personas es un laberinto porque no hay un registro de los restos que se encuentran. En muchos casos se pierden porque nadie se hace responsable del cuidado. La cadena de custodia no se aplica en este desorden burocrático donde todo se hace al aventón. Lo más grave es que la gente perdió la confianza en la Fiscalía porque filtra información sensible violando el sigilo de las investigaciones. Las familias quedan a merced de la delincuencia organizada, como sucede en la Montaña. En los municipios de Zapotitlán Tablas, Atlixtac, Acatepec, Tlapa y Cochoapa el Grande, los familiares no se atreven a interponer denuncias por desaparición. Pocas personas se animan a interponer la denuncia porque creen que la Fiscalía tiene los instrumentos, la tecnología, los peritos que pueden ayudar a localizar a sus seres queridos. La Fiscalía le ha fallado a las familias de las personas desaparecidas. Los ministerios públicos se reducen a cumplir con los formalismos legales, son insensibles ante el dolor humano y se mantienen ajenos al drama que enfrentan los familiares. No hay buenas prácticas en la Fiscalía que vayan más allá de abrir una carpeta de investigación. Todo queda estancando a reserva de que la parte agraviada investigue y presione al ministerio público para que realice nuevos actos de investigación. Desde el 2016 en la Montaña se tiene el registro del niño Fredy que fue desaparecido por un grupo de la delincuencia de Tlapa. A pesar de que el papá de Fredy ubicó a la persona que lo acompañaba el ministerio público no se interesó en citarlo para que declarara. Su inacción dio pie para que los perpetradores pudieran actuar impunemente. Esta irresponsabilidad del funcionario público no tiene repercusiones legales, por eso actúan con indolencia, porque saben que nadie los obliga jurídicamente a responder por sus malas actuaciones. En la Fiscalía Regional de Tlapa, las familias no se atreven a denunciar porque de inmediato se filtran las denuncias y de inmediato llegan las amenazas. Para evitar estos riesgos los familiares tienen que hacer un gasto mayor para acudir a la Fiscalía Especializada en Desaparición y Búsqueda de personas en Chilpancingo. El problema se empantana porque con el cúmulo de denuncias las investigaciones no avanzan. En varios casos de personas desaparecidas los ministerios públicos no realizan las inspecciones oculares donde ocurrieron los hechos. La justificación que dan las autoridades ministeriales para no acudir es porque se trata de zonas conflictivas donde no pueden entrar. Con ese argumento ya no le dan continuidad a la denuncia y omiten la obligación que tienen de pedir la colaboración de los cuerpos de seguridad para acudir al lugar donde se consumó una desaparición. Con la desaparición del defensor Arnulfo Cerón Soriano en 2019 se conformó el colectivo Luciérnaga, una luz en la oscuridad. Se impulsaron varias búsquedas que dieron como resultado varios hallazgos. Se recolectaron más de 120 restos óseos y varias prendas de ropa que hasta la fecha no se tienen resultados de lo que se encontró. Los peritos lo han embalado para su identificación, pero las carpetas de investigación no se han iniciado para dejar constancia de lo que se encontró. El 28 de agosto, antes de iniciar la pega de fichas en Tlapa, más de 30 mujeres buscadoras del colectivo Luciérnaga reclamaron a los ministerios públicos los nulos avances en las carpetas de investigación. Como un acto de dignidad se apostaron en el edificio de la fiscalía para dejar constancia de su presencia y de su exigencia, pegando las fichas de sus familiares desaparecidos. Las madres buscadoras buscaban los mejores lugares para que la gente pudiera observar las fotos de sus seres queridos con el fin de que identifiquen sus rostros y puedan proporcionar información relacionada con su paradero. A Xio le tocó ver la foto de su papá. Se le hizo un nudo en la garganta, pero continuó el recorrido. También Los familiares del niño Fredy iban con mucho ánimo de pegar la ficha de las personas que más aman y que están desaparecidas. A la esposa de Agustín de la Cruz Baltazar y a sus hijos no les importaba el inclemente sol, porque lo que más quieren es encontrarlo. Su historia como muchas otras son desgarradoras: “Agustín desapareció el 30 de abril de 2020. Lo empecé a buscar por mi cuenta donde había desaparecido. Estaba con sus amigos en la esquina de una tienda, cerca del centro de salud de la colonia El Tepeyac del municipio de Tlapa. A la una y media de la mañana fue la última conexión de su teléfono. Le estuve llamando, pero no respondió. No me preocupé mucho porque no era la primera vez que salía con sus amistades. A las cinco de la mañana miré sus mensajes diciéndome que nos quería mucho. Después ya no supe nada de su paradero. Uno de sus amigos fue testigo de que se lo habían llevado, pero no quiso dar mucha información porque se iba a meter en problemas. Le pedí a su familia apoyo, pero me dieron la espalda, quizá porque no somos de la misma familia. Busco a Agustín porque es el padre de mis hijos y siempre los cuido de chiquitos. La incertidumbre nos golpea. Lo hubieran dejado, pero ya lleva 6 años desaparecido. Hace dos años me integré del colectivo Luciérnaga. Llegué a la oficina de Tlachinollan y la abogada Neil me dijo que fuera a Chilpancingo para hacer la primera declaración y también para tomarme la foto. Me hicieron preguntas de cómo había desaparecido. He participado en las actividades del colectivo, lo he buscado y pegado fichas. Esto me hace sentir bien porque no dejo de luchar al lado de más personas que también sienten lo mismo que estoy pasando. Es la primera vez que viene mi niño. Cuando pegamos las fichas salió la de él y mi hija dijo rápido es la foto de mi papá. Al ver las fichas de búsqueda mis hijos sienten una tristeza profunda porque no solo hay personas grandes, sino niños y niñas desaparecidas. Para mis hijos es una sorpresa porque no pensaban que hubiera tantas personas desaparecidas en Tlapa. Me doy cuenta de que varias personas con las que estudié en la secundaria están desaparecidas. Parece un pueblo donde reina el terror. Por eso queremos que los ciudadanos y ciudadanas vean las fichas y si tienen alguna información que puedan bridarla con una llamada anónima. A veces pierdo las esperanzas, pero le pido a Dios que nos dé fortaleza. Estoy decidida a encontrarlo. Lo voy a reconocer, se cómo es para identificarlo, conozco sus señas particulares, eso me repito una y otra vez. En cualquier condición que lo encuentre sé que lo voy a reconocer. Espero que aparezca, sea como sea, no pierdo la esperanza. A veces quisiera que se me olvide, pero no se me olvida. Destrozaron a una familia unida, era un padre ejemplar. Acabaron con una familia, pero sé que lo voy a encontrar. A todas las personas que tienen familiares desaparecidos no tengan miedo de pedir apoyo, si yo hubiera conocido el colectivo Luciérnaga desde los primeros días de la desaparición de mi esposo me hubiera sumado. Sin embargo, nunca es tarde para unirse a un colectivo porque si no encuentras a tu familiar lo haces con otras personas. Cuando una familia encuentra a su desaparecido sabemos que descansa. Tengo la esperanza de que lo voy a encontrar. Donde quiera que estés te quiero decir que te tengo mucho amor. Recuerdas cuando no teníamos para comer. La pobreza nunca nos separó y tu ausencia tampoco lo hará. Aquí te estamos esperando. Ya aprendí a cocinar mejor, ya sé hacer otras cosas. Ya maduré. Quedamos que lucharíamos los dos para salir adelante y quiero que regreses.” Estas historias desgarradoras no terminan con la desaparición, al contrario, continúan porque a los grupos de la delincuencia les incomoda que busquen a sus desaparecidos. Varios buscadores y buscadoras han sido asesinadas. En la Montaña fue asesinado don Federico Aparicio, le quitaron la vida sólo porque buscaba a su hijo Fredy, un niño de 16 años que fue desaparecido en enero de 2016. Recientemente el 26 de agosto también fue asesinado el profesor Federico García Parra que buscaba a su hijo Luis Fernando, desaparecido cerca de Tlatlauquitepec el 10 de septiembre de 2025. El único delito era dar con el paradero de sus hijos. La violencia en la Montaña es el flagelo que nos tiene sometidos sin que las autoridades hagan algo para liberarnos, más bien hacen causa común porque resulta más lucrativo aliarse con los perpetradores que defender los derechos de las víctimas de la violencia. Las familias han decidido arriesgar su vida para salir a buscarlos aunque les cueste la vida. Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan Share This Previous ArticleEl colectivo Luciérnaga pega fichas de personas desaparecidas en Tlapa No Newer Articles 3 horas ago