Comunicado / Posicionamiento Poder y violencia. Un binomio indisoluble en Guerrero La muerte de Francisco Rodríguez padre de Everardo, normalista desaparecido. Clama justicia contra las autoridades civiles y militares que se coludieron con guerreros unidos. Investigación y protección para Martha Obezo. Todo nuestro apoyo y solidaridad. Nos unimos al reclamo del pueblo Ñuu Savi “Carretera digna para Metlatónoc” La violencia es un mal que se ha enraizado en toda la geografía agreste de Guerrero. Parece ser una realidad indisociable de nuestra naturaleza bronca. La gravedad del problema es que los gobernantes, además de ejercer la violencia de Estado (la violencia institucionalizada) incubó y alentó la creación de organizaciones criminales. La corrupción, que también se ha enraizado en las instituciones públicas, le dieron carta de naturalización a la red de complicidades que se tejieron desde las entrañas del gobierno en turno. Los negocios privados que se expandieron con el dinero público es una práctica acendrada de los gobernantes que se asumen como dueños del erario. Un sistema económico basado en la explotación de la fuerza de trabajo, el libre mercado y la ganancia crasa ha moldeado a las instituciones gubernamentales para convertirlas en negocios privados. El adelgazamiento del Estado responde a intereses macroeconómicos, privatizando las empresas públicas, disminuyendo su burocracia, reduciendo el gasto público con el fin de fomentar la participación del sector privado en la economía. Lo que ha sucedido en entidades sumamente frágiles como nuestro estado, donde no impera el estado de derecho, la economía se dinamiza con los negocios ilícitos que siempre requiere de grupos armados que protejan todos giros de la economía criminal. Guerrero ha sido un estado donde florecen empresas vinculadas con el crimen organizado, desde actividades relacionadas con el narcotráfico, la venta de armas, lavado de dinero, expropiación de negocios, actividades extractivas, secuestros, extorsiones, cobro de piso hasta el control de direcciones y departamentos de los gobiernos municipales como un modo de vida basado en la criminalidad. El control de los territorios es clave para imponer el dominio a través de la violencia. La población queda sometida y supeditada a las órdenes de los nuevos jefes. La misma seguridad es parte de la oferta criminal que pregonan estos grupos. Este sometimiento les permite contar con base social que está dispuesta a defender este tipo de violencia ante la usencia de las instituciones del estado, su inoperancia, el maltrato y la corrupción que las caracteriza. Prefieren asirse a los grupos de la delincuencia que andar a la deriva en busca de la intervención gubernamental. Se normaliza la violencia y los crímenes que se cometen están justificados, porque a los asesinados o desaparecidos se les culpa de su propia desgracia, se les criminaliza al sospechar que andaban con grupos contrarios. Se estigmatiza a las víctimas de la violencia y se siembra el terror para que los delitos no se investiguen. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registró 465 personas asesinadas con arma de fuego, arma blanca y otros elementos de enero a julio de 2026. El gobierno federal presume que hay una disminución en los índices de violencia, sin embargo, los homicidios continúan y los ciudadanos se sienten inseguros a pesar de estas cuentas alegres. La estrategia de seguridad sigue constatando cada semana los brotes de violencia, las agresiones armadas, los desplazamientos forzados, los asesinatos, desapariciones y secuestros. El poder fáctico de la delincuencia se ha arraigado en varias regiones al grado que varios presidentes municipales tienen que pactar o coludirse con los jefes de las plazas para sobrellevar la fiesta en paz. La fiscalía no representa una institución que incline la balanza en favor de las víctimas, más bien sienten que es parte de este entramado delincuencial. La estrategia de seguridad del estado es fallida porque las estructuras criminales se mantienen intactas, no hay un trabajo de inteligencia que logre desmantelar sus redes y diezmar su poder y el control que se expande. No es extraño que las acciones criminales broten de manera recurrente tanto en las ciudades como en comunidades apartadas. El pasado viernes la violencia se desató en Acapulco: a las 12:40 asesinaron a una persona en el Fraccionamiento Las Playas, cuando dos sujetos a bordo de una motocicleta le dispararon. Casi a la misma hora cinco hombres armados vestidos con ropa negra y chalecos tácticos de la Guardia Nacional entraron por la fuerza a una vivienda en la comunidad de La Estación, en Acapulco. Dispararon contra Esteban García Contreras, Gustavo y Gonzalo García Lorenzo y un menor de edad David de los Santos García. El mismo viernes en Chilapa de Álvarez, hombres armados a bordo de vehículo abrieron fuego contra Liboria Bahena Ramírez y sus hijos, Alma García Bahena y Fidel Tepectzin Bahena, en la colonia Luis Donaldo Colosio, a un costado de las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad. La violencia también irrumpe en los domicilios. El viernes 22 asesinaron a la doctora Nadia Vehurini Matadama, en su domicilio en Chilpancingo. La capital sigue siendo escenario de una violencia irrefrenable que pone en jaque a toda la población que se siente inerme aute una autoridad lejana y que no se coordina con los demás niveles de gobierno. El mismo viernes 8 familias fueron víctimas de ataques armados durante toda la tarde y parte de la noche en la comunidad serrana de Los Vallados, municipio Ajuchitlán del Progreso. El grupo criminal vació cartuchos enteros contra las viviendas, mientras mujeres, hombres, ancianos, niñas y niños yacían tirados tratando de librarse de las balas. No es la primera vez que viven estos hechos deleznables, en febrero del 2023 fueron amenazados por parte del crimen organizado para que dejaran la comunidad. En ese año alrededor de 50 familias salieron hacia Tecpan de Galeana para ponerse a salvo. En la Montaña los asesinatos se han multiplicado. La violencia se ha arraigado en los municipios de Tlapa, Cochoapa el Grande, Alcozauca, Acatepec, Zapotitlán Tablas, Atlixtac, Olinalá y Huamuxtitlán. La expansión del crimen ha ganado terreno sin que los cuerpos de seguridad logren contenerlos. La población se exaspera al ver un gran número de efectivos que se cruzan en las calles y los caminos con los que delinquen. En Tlapa el reciente hecho de violencia sucedió a las 2 de la mañana el pasado 18 de agosto, cuando fueron asesinadas y calcinadas 4 personas de la comunidad de San Lucas, municipio de Cochoapa el Grande. En una casa de madera y lámina estaban 13 personas, en su mayoría niños. Teófilo, un rezandero que fue comisario, no se dio cuenta cuando llegaron los agresores a su precaria vivienda. Las niñas y niños estaban durmiendo. Despertaron con los ladridos de los perros, sin embargo, nadie reaccionó para verificar que sucedía afuera de su casa. En un coche llegaron 3 hombres armados y empezaron a rociar de gasolina toda la casa. Le prendieron fuego para esperarlos cuando salieran corriendo. La abuela de 75 años que recién había llegado de San Miguel, con dos de sus nietos para visitar a su hija Margarita y 2 nietas de Esperanza, fue la primera que recibió más de 20 balazos. Murió a los primeros impactos. Sostenía en la mano a su nieto de 6 años que gritaba asustado y en segundos cayó muerto al lado de su abuela. El otro nieto se salvó porque pudo salir ileso de la vivienda. Teófilo, por sus problemas de salud nada pudo hacer. Las balas lo alcanzaron y murió en el momento. Era uno de los principales del pueblo que se encargaba de pedir la lluvia en el cerro. Margarita, esposa de Teófilo también cayó al piso. Se dedicaba a trabajar en el campo y le ayudaba a Teófilo en el servicio comunitario. En la cosmovisión ñu’u savi, se entiende que cuando alguien toma un cargo de autoridad, se asume como pareja. Fueron 9 niñas y niños que lograron salir de la casa en llamas y de milagro se libraron de las balas. Quedaron en la orfandad y marcados de por vida por los hechos violentos que vivieron al lado de sus padres. Los vecinos relatan la saña con que actuaron los autores del execrable crimen. Permanecieron en el lugar de los hechos para cerciorarse de su maldad. Los vecinos no tuvieron respuesta inmediata de las autoridades municipales. Los de protección civil no reaccionaron con rapidez para evitar una tragedia mayor. Los cuerpos quedaron calcinados y la casa hecha cenizas. Hace año y medio Esperanza, hermana de Margarita, fue asesinada en la colonia Las Mesitas. Recibió una llamada a su celular, de inmediato salió y ya no volvió. 4 días después encontraron su cuerpo. Personal de la Fiscalía fue al lugar de los hechos, pero no levantó el cuerpo. Solo tiraron cal y se fueron. Su insensibilidad y trato deshumanizante fue como una daga que profundizó más su dolor. “Nunca se hizo justicia a pesar de que sus familiares denunciaron. Porque las autoridades no investigaron sucedió un crimen mayor”. Teófilo y Margarita en su momento no pusieron la denuncia, pero la fiscalía abrió una carpeta de investigación en la que llamaron a la mamá de Esperanza para testificar, pero por no estar presente no se pudo hacer mucho. Comenta la familia que la fiscalía actuó mal, porque se filtró la información y los asesinos tuvieron conocimiento que los habían denunciado, cuando en realidad las investigaciones no avanzaron. Los cuerpos de las cuatro personas asesinadas no han sido entregados por parte de la fiscalía porque siguen realizando los estudios y los peritajes. Las niñas y niños que sobrevivieron están refugiados con la abuela paterna, mientras las autoridades municipales y estatales se han desentendido del caso. Los han dejado en total indefensión. Ahí permanecen en el lugar de la tragedia tratando de rescatar algo de las cenizas. Sus vidas corren peligro, pero lamentablemente ninguna autoridad se siente interpelada por la tragedia. La impunidad y la desolación es lo que impera entre las víctimas de la violencia. A las autoridades les importan dar cuentas alegres de que los homicidios van a la baja e ignoran las vidas de gente inocente que camina en el desfiladero de la muerte. Share This Previous ArticleLibertad a los presos del CECOP: Rodrigo y Modesto No Newer Articles 1 hora ago