Nota Informativa Buscadoras encontraron 10 restos de personas en la Montaña Tlapa, Guerrero, 1 de octubre de 2026. En la jornada de búsqueda del 29 de septiembre al 1 de octubre las buscadoras indígenas del Colectivo Luciérnaga: una luz en la oscuridad se sumergieron a la Barranca Honda de la Montaña de Guerrero, donde huele a muerte, encontraron 10 restos óseos de personas. En la ladera, a 50 metros de la carretera Tlapa-Marquelia fueron ubicados costillas, parte de un cráneo, húmero, radio y cúbito. Los peritos embalaron los hallazgos para trasladarlos a Chilpancingo y realizar los estudios de indentificación que es lo que más falta y adolecen las autoridades. En la Montaña han pasado más de 8 años de que se contraron los primeros restos óseos, pero están en el olvido y lo cruento es que algunos los han extraviado. Las búsquedas fueron intensas. El miércoles 30 de septiembre las buscadoras del Colectivo Luciérnaga se equiparon con varillas y caminaron sobre el margen del río Tlapaneco de la colonia Santa Cruz. Se internaron en el cerro, cerca de donde empezaba la barranca llena de huizaches. Entre los arbustos de espinas estaban atoradas varias prendas de vestir que fueron arrastradas por el cauce de las cascadas que se forman con las lluvias. Una playera azul rey llamó la atención del grupo, la revisaron, pero el logo de la marca y la talla se habían despegado. Doña Amalia encontró la plantilla de un tenis color azul rey; con su machete la revisó y vio que la marca era Nike, talla 27. Cuesta arriba, doña Xóchitl, que era de las personas que iban adelante, se detuvo a observar por unos segundos y pensó que era una “calabaza extraña” porque a un lado estaba la cáscara de una. Cuando las autoridades se acercaron a revisar se dieron cuenta de que era el fragmento de un cráneo humano. Continuaron la caminata en el terreno agreste. Las enormes piedras y la tierra suelta no les permitió avanzar, pero fueron apareciendo otros restos óseos que fueron descartados porque eran de animales. Las buscadoras rascaban la tierra y al mismo tiempo tenían que tratar de no caer al abismo por lo empinado del cerro. Bajaron pensando en sus familiares, preguntándose en los restos que habían encontrado; ¿quién será? ¿cómo puedo saber que es mi hijo, mi hermana, mi mamá o mi papá? El recorrido de las buscadoras el 1 de octubre fue en las profundidades de la barranca. Removían las piedras, las hojarascas y los arbustos más pequeños con el machete, la varilla y un palo que encontraron a su paso. Los ojos se afinaron para enfocar con claridad los huesos que salían súbitamente, pero varios eran de fauna. Los rostros serios y en silencio para escuchar la ausencia en el túnel del tiempo. Bolsas, calcetín, costales y playeras se fueron desenterrando. La mamá de Eduardo, desaparecido el 15 de noviembre de 2018, con su semblante palidecido recordaba que a su hijo lo levantaron cuando estaba trabajando en un taller mecánico en la esquina de la calle Aeropuerto y Marquelia. Llegaron unos 5 hombres armados preguntando por Eduardo. “A mi hijo lo confundieron. Lo tomaron por la fuerza y los que estaban en el taller mecánico fueron sometidos y amenazados que si hacían algo se iban a ir contra ellos. Al día siguiente empezó la búsqueda y me acuerdo que nos trasladamos a Barranca Honda, en la salida de Igualita y por las barrancas rumbo a Huamuxtitlán. Los familiares del niño Fredy, quien fue desaparecido en el 2016, lo buscaron por su cuenta por las barrancas y cerros. A Yanderi, desaparecida el 3 de marzo de 2017, la empezaron a buscar a las 6 de la tarde porque perdió comunicación con sus familiares. Más de 50 personas desaparecidas en la Montaña están en la misma situación y por eso se les busca “no sabemos cómo los vamos a encontrar. Tengo la esperanza de encontrarlo con vida, pero a veces pienso que si lo encuentro en otra condición me va a doler, sin embargo, voy a tener certeza dónde está”. Share This Previous ArticleLibertad inmediata al defensor Sixto Mendoza Limpia No Newer Articles 16 horas ago