Derechos de las mujeres El cuerpo que nos dijeron no nos pertenece Fernanda kookuilo’o / Integrante del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan En los pueblos originarios, previamente a la llegada de la colonización, no era necesario salir de nuestras comunidades para mostrar lo que éramos. Las mujeres no teníamos que preocuparnos por los privilegios, sino de comer para sobrevivir con nuestros hijos y por trabajar nuestras tierras. Nuestra identidad se caracteriza por la propia forma de vivir, de hablar y de convivir. Cada lengua es un mundo, por tanto, los pensamientos cosmogónicos provienen de esa lengua. Partiendo de la memoria de la nación Ñuu Savi/Pueblo de la lluvia, no teníamos duda de que las mujeres ejercíamos cargos al servicio de la comunidad, dirigíamos ceremonias, nuestro poder de dar a luz era equivalente al poder espiritual que se implora en la llamada de atención a Saví Tyée/Lluvia mayor, por el hecho de soltar la tormenta y rayos. Aunque en el tiempo ancestral estaba presente el género, mas no existía la supremacía masculina, en la oralidad existe la mitología de identidad de género trans por el término ña’á tàa/mujer hombre que ahora se conoce como mujer trans o en el caso del hombre se dice tàa sí’i / hombre mujer, mas no era visible la tormenta en el ojo del huracán. Entre nosotros siempre existió el respeto y la convivencia. En nuestro lenguaje cotidiano siempre ha habido una forma de conducirnos con nuestros mayores, no podemos llamarlos por sus nombres porque incurriríamos a un gesto de falta de respeto, las personas mayores les decimos xìí/abuelo, ixtán/abuela. También es importante reflexionar sobre la forma de demostrar el cariño y el amor entre parejas, hijos y parientes; en nuestra lengua no existe el concepto específico para nombrar el amor, más bien, lo sentimos por el gesto de cariño en el cuidado de nuestros hijos cuando se enferman o través de la forma de enseñarlos a trabajar para que no se rindan en la vida y en el cuidado entre la pareja. Yó’ò es un término que se usa entre las parejas para nombrarse sin necesidad de mencionarse los nombres según por respeto, el concepto yó’ò se interpreta como amado o amada, en otras palabras, la mujer le puede decir tátì al marido o al hijo, así como el hombre puede decirle nánì a la esposa o a la hija en el sentido de transmitir el cariño y ambos conceptos se interpretan como chiquillo o chiquilla, incluso, si’í e ivá significa padre y madre, son términos que se usan para nombrar a mamá y a papá y de afecto se le dice así también a la hija o al hijo. Se vale mencionar que cuando un hombre desea establecer una relación sentimental con una mujer, le dice: án koo un xí’in i ra ku’ùn i xí’in Ndióxì xa’á un / ¿vivirías conmigo si voy en compañía de Dios por ti? La existencia de nuestros dioses la encontramos en el sol, en las piedras de la lluvia, en el abuelo fuego, en los seres que ya trascendieron de este mundo y así sucesivamente. En nuestra lengua no hacemos uso de la expresión casamiento literalmente, dicho acto lo conocemos como amarre de mano, hoy en día los jóvenes que establecen las relaciones de noviazgo refieren a la novia ñá xíka xí’in i / la que camina conmigo o rà xíka xí’in / el que camina conmigo, esto es relativo a la forma de caminar la vida juntos, al juntarse dicen: ñá íyo xí’in i / la que vive conmigo o rà íyo xí’in / el que vive conmigo, es la manera de decir la forma de compartir un hogar y apoyarse mutuamente. La numerología sagrada de la que hacemos uso para contar el hilo del telar de cintura, representa el simbolismo de cada figura, trazo y colores, al igual que las sabias manos que tejen el huipil. Tenemos mucho respeto a nuestra vestimenta, por eso, ahora nos cuestionamos, en qué momento se convirtió tan folklórico el uso del huipil y el temor es el desplazamiento de nuestra identidad a cambio de las empresas de industrialización textilera del huipil. Es de suma importancia analizar las prácticas cotidianas propias, a fin de revalorizar y preservar las buenas actitudes que hemos venido reivindicando de lo propio, ya que profundizar la autocrítica en colectividad ayuda a problematizar las malas costumbres y los malos pensamientos que nos encaminan a reproducir las ideologías inadecuadas a raíz de la llegada del cristianismo. Una ideología que se ha convertido en tradición, pues muchas comunidades la han abrazado, contaminando nuestra esencia y ahora se extiende en nuestro territorio. A través de la imposición de las religiones, por ejemplo, nos han inculcado que como mujeres debemos obedecer, casarnos y morir en la costilla del hombre, nos limitaron la libertad de explorar nuestra sexualidad, en la vía práctica, hablar del cambio físico durante la pubertad es un pecado mortal para las religiones. Nos hicieron creer que nuestro cuerpo no nos pertenece, nos castellanizaron para desplazar nuestros pensamientos en la lengua de la lluvia, de esta manera se propusieron ejercer un control estructural sobre los pueblos originarios. En consecuencia, nos hicieron partícipe en el ejercicio de la ideología machista y patriarcal. De esta forma, nos dieron probar otra manera de ver el mundo al imponernos un modelo educativo europeo, gracias a este, fuimos condenadas a la discriminación por parte de la clase alta, otro medio por el que nos expusieron el clasismo para someternos a la discriminación, así como el capitalismos que devaluó el valor del trueque. Finalmente opera el ilustre sistema socialista en función del gobierno mexicano donde nos engañan con los programas asistenciales, nos hacen creer que la prioridad somos los pobres, y a esto se deduce tapar el sol con un dedo, además de decir que es tiempo de la mujer indígena. Por otra parte, la llegada de los españoles nos despojó de nuestras tierras paulatinamente, de modo que nos hicieron creer que éramos dueños cuando las tierras las dejaron a mano de terratenientes. Hace más de tres décadas, el gobierno federal se ha hecho cargo de la regularización de las tierras según lo establece la reforma agraria, desde entonces, nos han dejado graves conflictos en razón de que entre comuneros, ejidatarios y avecindados prevalece un significativo índice de conflictos por límites, conflictos entre núcleos agrarios y a ninguna autoridad competente le interesa intervenir para resolver los problemas, aunque en algunos lugares, el conflicto agrario es causante de violencia y muerte. Ante esta situación, las mujeres nos encontramos en un estado de vulnerabilidad por cuanto hace el derecho a la tenencia, en la vía de los hechos, no somos sujetos del mejor derecho a poseer y mucho menos para titular de las tierras por enajenación, pero de las cooperaciones comunitarias no nos salvamos, a las madres autónomas y a las viudas nos designan cargos de castigo, esto no implica el ejercicio del derecho a la participación comunitaria porque no es equitativo, las mujeres que viven con su pareja no les permiten participar. Si bien es cierto que en nuestras comunidades contraemos derechos y obligaciones, tan cierto es que somos libres de profesar cualquier religión, puesto que nadie está obligado de contribuir en la organización de las fiestas derivadas de alguna religión (la mayordomía en la religión católica), conviene aclarar que, ante la negativa de una persona en asumir dicho cargo por profesar una religión distinta o simplemente no comparte dicha ideología, la asamblea y con el apoyo del gobierno municipal toman las decisiones de lincharlo de su comunidad, este es otro de los grandes problemas que hemos enfrentado a consecuencia del engaño del cristianismo. Nos castigan por opinar diferente al gobierno y al clero, dado que al cacicazgo no le conviene si reflexionamos, si exigimos, porque a ellos no les interesa el bienestar de los pueblos, lo que interesa es la política pública individualista a propósito del divisionismo, se preocupan más en celebrar el pacto con la delincuencia organizada justificando de no exponer a los pobres, los inocentes y los mexicanos; ¿desde cuándo el gobierno y las religiones les interesa a los pobres?, es una burla. Debe considerarse de carácter urgente la implementación de los planes y programas de estudios, con el objetivo de impartir clases en las 68 lenguas originarias de México, según su variante, bajo el entendido de preservar y fortalecer los pensamientos filosóficos interculturales. Es urgente elaborar los libros de textos gratuitos multilingües para que las clases sean impartidas en las lenguas maternas de los estudiantes y al mismo tiempo en español, ya que este es un puente de comunicación entre las lenguas. Si llevamos siglos con las ideologías europeas, también podemos lograr durante siglos la educación multilingüe para nuestros descendientes, de lo contario, no hay que decir que es “año de la mujer indígena”, ni el “día internacional de la mujer”. Si no hay justicia, libertad y educación multilingüe, que no haya festejo para el gobierno. Share This Previous ArticleSer mujer jornalera indígena, maternar en los campos agrícolas y enfrentar la violencia obstétrica Next ArticleLa violencia contra las mujeres y niñas más allá de las aulas 1 día ago