Nota Informativa Jesús Plácido: dos meses de cautiverio del defensor Tlapa, Guerrero, 17 de septiembre de 2026. A dos meses de la detención del promotor del Consejo Indígena y Popular del Estado de Guerrero Emiliano Zapata (CIPOG-EZ), Jesús Plácido Galindo, los familiares exigen su libertad porque su único delito fue alzar la voz para que haya justicia, por la vida, el agua y el territorio de los pueblos indígenas. El defensor Jesús Plácido fue detenido el 17 de julio por policías ministeriales en un retén del ejército mexicano y la Guardia Nacional en el crucero de Monte Alto, municipio de San Marcos, en la Costa Chica de Guerrero. Iba con su esposa Aurea a una reunión a la que fue citado por el subsecretario de Desarrollo Político y Social del estado, Francisco Rodríguez Cisneros, pero sólo “fue una trampa”. Fue trasladado en helicóptero por las autoridades federales y estatales como los grandes capos de México. Nadie sabía de su paradero. En la tarde se supo que había sido detenido por el Registro Nacional de Detenciones. La noticia se extendió en todo el país. Desde el aparato del Estado se elaboraba la narrativa para culpar al defensor de la violencia que había en las comunidades nahuas de la Montaña Baja y la habían preparado unos días antes para endilgarle un homicidio que no cometió. El 23 de julio fue vinculado a proceso, bajo la medida cautelar de prisión preventiva oficiosa, donde permanece tras las rejas del Altiplano por el fabricado delito de homicidio desde las esferas del poder. Su detención es una acción dirigida a Jesús por alzar la voz en defensa de las comunidades indígenas que sufren el flagelo de la violencia. El líder comunitario “en varias ocasiones recibió fuertes amenazas, algunas por parte del subsecretario de Desarrollo Político y Social, Francisco Rodríguez para doblegar su lucha y detener las denuncias que hizo por la alta violencia en Tula, Xicotlán, Acahuehuetlán y Alcozacán”, sostiene la familia después de dos meses. Siempre que salía se despedía de sus hijos y su esposa porque no sabía si iba a regresar. Lo peor fue cuando denunció publicamente la violencia de los grupos de la delincuencia, 12 asesinatos y más de 800 personas desplazadas. A pesar de que Jesús Plácido ha luchado al lado de las comunidades indígenas, las autoridades lo han señalado como un “criminal peligroso”, pero no les importó el grito desesperado de los pueblos que claman justicia y seguridad en sus territorios. El líder del CIPOG-EZ ha dedicado su vida a la gestoría y a la organización comunitaria. Con las enseñanzas de su papá Cirino Plácido y de su tío Bruno tomó el camino de la lucha social y comunitaria. Se forjó en medio de la pobreza y una enorme desigualdad. Aprendió a caminar cuesta arriba con los pies desnudos. En las montañas agrestes y olvidadas fue creciendo con la rudeza del campo. Su historia de vida marcada por “la discriminación por ser na savi lo impulsó a levantar la voz por las comunidades indígenas, poniendo su fuerza y el corazón ante las injusticias y también lo condujo a liderar el CIPOG-EZ, apostando por la organización comunitaria”, relata su esposa Aurea. Las autoridades comunitarias de la comunidad de Buenavista, comunidades de la Costa Chica y las comunidades nahuas de Chilapa lo respetan como gestor comunitario. Cuando los comisarios le solicitaban su intervención dejaba la siembra de maíz, la caña y el cafetal para atender una reunión con las autoridades estatales. Por eso, “su detención resulta injusta e inaceptable”. Su familia está viviendo un suplicio lleno de incertidumbre. Nunca imaginaron que Jesús Plácido estaría en las mazmorras de un penal de máxima seguridad. A dos meses es difícil asimilar que lo hayan privado de la libertad sólo por no quedarse callado ante las injusticias. “Como familia, madre y compañera quisiera que estas cosas no pasaran. No esperábamos la detención de Jesús. Son golpes muy fuertes hacia la integridad familiar y socavan la organización comunitaria”, lamenta Aurea. Aurea considera que “la ausencia de Jesús pesa mucho porque nos dejaron sin gestor y defensor comunitario. El gobierno supo por dónde lastimarnos, pero seguiremos en pie de lucha como Jesús lo hizo en su momento, pero ahora nos toca a nosotros seguir su camino. Como su compañera no me voy a quedar callada ni me voy a quedar con los brazos cruzados. Voy a hacer lo imposible hasta demostrar su inocencia. Tiene que regresar porque su tierra lo aclama, sus hijos e hijas lo necesitan, así como sus compañeras, compañeros, hermanas, hermanos, su madre y su comunidad. Seguimos en pie de lucha y con voces rebeldes exigimos la libertad de Jesús Plácido Galindo”. Share This Previous ArticleCifras alegres de un Estado maltrecho No Newer Articles 3 horas ago